«Lazzaro feliz»: Mirada limpia, mundo turbio

Extraordinaria película italiana que se puede ver la programación de los nuevos cines Codex


2018?• Italia• Alice Rohrwacher• Alba Rohrwacher, Adriano Tardiolo, Sergi López • «Lazzaro feliz» es una obra tan fuera del tiempo cinematográfico que se vive en la actualidad como real como la vida misma. Estructurada en dos partes bien diferenciadas, incluso a nivel estético -con el sol y el calor humano del campo frente al frío y desangelado ambiente de la ciudad- la película de esta joven directora entronca fielmente con toda la tradición del mejor cine italiano.

Se ha hablado mucho de la influencia de grandes maestros como Olmi, Visconti, Fellini o incluso la comedia de Monicelli, pero para mí hay dos miradas cercanas a esta película, especialmente en la parte urbana: por un lado el cine político y social de los años setenta, cargado de simbolismos y metáforas (y que en parte no ha sobrevivido bien al paso de los años) y, particularmente, la influencia de Vittorio de Sica y de su película «Milagro en Milán».

Pero donde en el film de De Sica hay humanismo en la de Rohrwacher hay crudeza, que solo puede sobrellevarse gracias a la mirada limpia, inocente y bondadosa de su protagonista, interpretado de manera ejemplar por Adriano Tardiolo.

Si al inicio hablaba de que «Lazzaro feliz» miraba al pasado a nivel cinematográfico, todo lo contrario a la realidad que vive la Europa del 2018. No huye del debate de la nueva esclavitud (antes eran los marqueses los que explotaban ahora el capitalismo a los inmigrantes), pero a su directora no le interesa tanto este perfil como el de reflejar que el hombre es un lobo para el hombre y que ni la bondad y ni los buenos sentimientos son suficientes detener la miseria humana. Poca esperanza deja esta gran película.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Tags
Comentarios

«Lazzaro feliz»: Mirada limpia, mundo turbio