El Síndrome de Pretty Woman

Las  películas románticas y los cuentos de princesas han generado mucha confusión con lo que se espera de las relaciones sentimentales


El concepto de príncipe azul, media naranja, las flechas de Cupido y el destino, el karma o las almas gemelas, son creencias que pueden llegar a ser muy peligrosas -cuando son extremadamente románticas, en cuanto a las expectativas- de lo que se considera debería ser una pareja sana.

La sociedad nos ha hecho creer que debemos buscar a una media naranja con la que poder compartir una vida, crear una familia y comprar una casa, o viajar, entre otras muchas cosas. ¡Eso está muy bien, pero no a cualquier precio!

Es decir, no hay que tener pareja solo por el hecho de no estar solo. Buscamos toda la vida a esa persona que nos haga sentir únicos y nos haga vivir en una nube rosa, le pedimos que sea muy guapo e inteligente, que nos comprenda y nos tronchemos de risa con él a todas horas, que tenga una buena profesión -y además que tenga una buena cartera (mucha pasta vamos, mucha a poder ser)- y, sobre todo y lo más importante, que nos acepte tal y como somos y que nos haga el amor con tanta pasión que nos ponga el sentido del revés. Pero, ¿esas cualidades existen en una sola persona?

Adicto al amor vs evitación

Vamos a entender estas relaciones conocidas como «adictas al romanticismo» o tóxicas, que suelen seguir un patrón muy similar: el adicto al amor busca un adicto a la evitación, y viceversa. Los adictos al amor se enamoran del cuento y de la historia, no tanto del personaje, por lo que construyen en su mente una persona ideal e intentan ver a su pareja de esa forma, aunque realmente no sea así, son incapaces de cuidar de sí mismos o afrontar sus propias carencias, de ahí la «necesidad del otro».

El adicto es incapaz de aceptarse a sí mismo, lo que más teme es al abandono, se entrega como un alcohólico a la botella, o un bulímico a la comida, se siente muy frustrado y decepcionado si no cumplen sus expectativas, pero siguen enganchados a su «evitador». Son formas de funcionar muy neuróticas que pueden intercambiarse en los dos miembros, en ocasiones uno funcionar de una forma u otra.

El evitador deja todo para cuando alguien se lo pueda resolver. Temen enfrentarse a la vida, se sienten incómodos ante la proximidad y les cuesta compartir sus sentimientos o confiar en su pareja. Son muy exigentes, les cuesta entregarse realmente.

Sentirse solo y querer ser rescatado

Pretty Woman -la película- podría servir para explicar una relación de apego tóxica. Esta historia está bien, pero hizo mucho daño en las expectativas de muchas personas de ambos géneros, define un síndrome de dependencia emocional, sufrido por hombres o mujeres que se creen Richard Gere en busca de compañía de estilo Julia Roberts. Este personaje paga por sexo para sentirse «súper cachondo» y se enamora de su prostituta. Transforma a su antojo a esa mujer para no sentirse tan solo (acaba de romper una relación), goza de poder económico y posición social. El otro perfil lo cumple alguien que necesita ser rescatado de su vida pobre, gris y triste.

No busques el amor, conviértete en él

Muchas personas han creído encontrar «el amor» y han acabado frustradas, más perdidos que «un pulpo en un garaje», cargados de dolor emocional por fijarse en ideales que creían iban a cubrir sus necesidades, y vacíos para acabar dándose un buen «hostiazo».

El «amor romántico» simboliza el reflejo de la necesidad de tener y «poseer» al otro, como una forma «ideal» de ser feliz; eso es una relación tóxica.

Conviértete primero en esa clase de persona de la cual enamorarse, construye una personalidad llena de valores, principios y sueños por cumplir, camina por la vida sin esperar tropezar con el «amor ideal», construye un amor consciente, sin apego, obsesiones ni sometimiento, donde existan vínculos donde se respete el crecimiento individual de cada uno y se busque unidos el equilibrio de la propia pareja, que sea una relación basada en la confianza mutua, donde exista comunicación abierta, sincera y una excitante intimidad.

¿Te reconoces como un adicto al amor o a la evitación?

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