En el Concello de Lugo no se ficha aunque hace diez años que se colocó huella digital

La inversión de 50.000 euros fue desaprovechada y el «software» llegó a ser tirado


lugo / la voz

Hace unos días se cumplieron diez años desde que fueron colgados por las paredes de diversas dependencias del consistorio de la praza Maior, del edificio administrativo del seminario y otros locales medio ciento de lectores de huellas digitales para el control del control del horario laboral. Tras una inversión de unos 50.000 euros, según algunos cálculos de ediles populares, lo único que hizo la institución fue taladrar las paredes, desempaquetar los aparatos y colocarlos. Que algunos empleados metieran el dedo al principio, como prueba, no sirvió de nada porque las máquinas leían pero no traducían absolutamente nada por falta de un soporte técnico. Siguen colgadas y encendidas, pero el Concello es la única institución de Lugo en la que sus empleados no fichan y, por supuesto, una de las pocas de España.

La situación no deja de ser llamativa. Es igual que si en una empresa los empleados le pidiesen al jefe fichar y este pasase de ellos. Todos los representantes de los trabajadores quieren que funcionen los lectores de huellas, lo recordó ayer el portavoz del PP, Antonio Ameijide. «Pero o abandono absoluto do goberno local tamén chega a este apartado», indicó el representante del grupo municipal del PP.

El edil dice que fue una «sorpresa grata» el planteamiento que le hizo la representación de los trabajadores por entender que fichar es beneficioso para ellos, «pero non alcanzo a entender a razón pola cal o goberno non pon en marcha o sistema».

Ameijide recordó que los ordenadores con los programas de software y hardware, que costaron casi 40.000 euros, estuvieron tirados en diversas dependencias. Primero en un local donde estuvo la oficina del Plan Urban y luego en otro de la parte posterior del consistorio.

En su momento Olga Louzao, la portavoz de Ciudadanos, recordó que el gobierno local no era capaz de poner en marcha «o máis básico, como son os aparellos para que os traballadores fichen; a este paso xa non servirán se algún día entran en servizo». Algún funcionario manifestó su gran interés por el sistema, entre otras razones, para tener un control exhaustivo de las horas que hacen todos y también para poder conciliar.

La llegada de los lectores de dedos, como así les llaman algunos funcionarios, es una historia larga que ya empezó por lo menos en 2003 cuando el alcalde socialista López Orozco les dijo a los periodistas que quería poner aparatos para fichar y controlar el horario del funcionariado. La junta de personal salió rápida a decir que le parecía fatal enterarse por la prensa y advirtió que los trabajadores municipales cumplen sus horarios y que no estaban en contra de ningún tipo de control. Además recordaba que la instalación de aparatos de seguimiento horario había sido pedida por la junta en reiteradas ocasiones desde, por lo menos, 1999.

Después de aprobarse la compra en 2008, a principios de 2010 comenzó la instalación. Dos años después se habló de grabar las huellas a todos los empleados para un registro general.

La prioridad es aprobar la RPT, según el gobierno

Las prioridades del gobierno local pasan por someter a aprobación la Relación de Puestos de Trabajo (RPT) y sacar adelante las ofertas de empleo de los años 2015, 2016 y 2017 y trabajar ya en la de este año. Después será necesario «cargar» en la aplicación informática del lector de huellas los datos correspondientes a todos los empleados y esta tarea, dicen, no es nada fácil porque la institución tiene multitud de dependencias y servicios y hay que incluir los horarios diferentes que tiene cada uno. El personal que se encarga de la RPT es el que también debe ocuparse de la aplicación, explicaron desde el gobierno.

Control

Aún quedan instituciones en la ciudad en las que los empleados no fichan y no está muy claro quién y cómo hace el control. A cualquier trabajador de la privada esta situación lo deja boquiabierto sobre todo cuando entrar tarde o salir antes le puede suponer irse a la calle. Cuando se trata de instituciones públicas, es decir pagadas por todos, el control ha de ser máximo y hoy las libretas para apuntar ya quedaron desfasadas.

¿Cómo se sabe cuándo entra y sale de trabajar un empleado municipal en Lugo?

En la Diputación, fichan; en la Xunta y en los juzgados, también. Que no se haga en el Ayuntamiento lucense no quiere decir que el personal no cumpla escrupulosamente el horario, pero plantea dudas a los ciudadanos y también a ediles de la oposición. Por ejemplo: ¿Cómo se sabe cuándo entra y sale de trabajar un empleado del Ayuntamiento de Lugo? Fuentes del gobierno recalcan que, haya o no un lector de huellas, el seguimiento existe y se hace, dicen, en cada departamento. Al parecer es el jefe de cada sección el que, supuestamente, controla.

Olga Louzao, de Ciudadanos, llegó a plantearse en alguna ocasión algunas dudas: «Como pagan a produtividade e as horas extras? De que maneira reparte a alcaldesa a produtividade e as extras se non ten maneira de comprobar se os traballadores cumpriron co seu horario?». En ese momento echarían mano del informe que debería ser elaborado por el jefe o responsable de cada departamento.

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