Partidas de ajedrez en un tablero al que le quedan solo ocho meses

El gobierno hace de oposición y la oposición quiere gobernar a través del pleno

Minuto de silencio por el fallecimiento de varias personas vinculadas con la Diputacion
Minuto de silencio por el fallecimiento de varias personas vinculadas con la Diputacion

lugo / la voz

Los plenos de la Diputación de Lugo, después de una fase de esperpentos (adjetivo que todos los grupos comparten), han entrado en una suerte de partidas de ajedrez en las que las denuncias y los incumplimientos judiciales han embarrado un tablero al que le restan ocho meses, pero cuyas consecuencias seguro que continuarán en el tiempo.

Peones, alfiles, torres, reyes y reinas ocupan su espacio para conseguir que el pleno recupere un poder que hace tiempo las leyes estatales laminaron y, de paso, posicionarse en lo que realmente hoy ya preocupa a los partidos: llegar cargados de argumentos, sus argumentos, a las elecciones del 26 de mayo.

La sesión ordinaria de ayer comenzó con una clase avanzada de Derecho Administrativo cuando se debatió la conversión del acuerdo plenario sobre el cambio de reglamento de la Diputación que aprobaron PP y Martínez, para desagrado de PSOE y BNG. Una discusión de procedimientos y denuncias en el Juzgado que dejaban traslucir el fondo político: la oposición quiere recuperar el control político de la Diputación a través del pleno y los socialistas, en minoría, seguir manteniendo su agenda de gobierno y, a poder ser, ganar tiempo para aprobar cuestiones capitales para el futuro de la provincia, como la propuesta de presupuestos que el presidente Campos anunció que presentará a los grupos en noviembre. El diputado Ferreiro, del BNG, intentando ocupar un papel ecuánime propio del centro político, pedía «sentarse na mesa e entre todos chegar a un acordo de regulamento para varios mandatos, non un que cando se celebren as eleccións volva ser cambiado polos intereses da metade máis un dos deputados».

Y así, entre turnos, réplicas, acuerdos y desacuerdos, llegan los momentos de las mociones, esas discusiones de calado político en las que cada grupo define claramente su ideología pero cuyos resultados prácticos son casi nulos en la vida diaria de los ciudadanos. Eso sí, en estos momentos cada partido juega sus piezas de manera clara y abierta, en muchas ocasiones saltando a los tableros de la política gallega y estatal. A pesar de los desencuentros entre los diputados, algunos personales muy evidentes, gran parte de las jugadas quedan en tablas. Ayer mismo, toda la corporación, a instancias de PP y BNG, aprobaron una declaración a favor del mantenimiento de la factoría de Alcoa en A Coruña y pidieron a la Xunta y al Gobierno que adopten medidas que favorezcan la competitividad de industrias con altos consumos eléctricos. También acordaron, a petición del PP, que el Gobierno renuncie a gravar el diésel «por impacto negativo nas clases medias e colectivos vulnerables».

Donde ya no hubo acuerdo fue en el desmarque del PP a la propuesta del PSOE que salió adelante para que el Sergas mejore la atención a las mujeres que sufre la endometriosis, esa enfermedad que como indicó la diputada Sonsoles López además «é unha doenza de xénero».

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