Tres artesanos con un pasado brillante

En el Centrad trabajan sin prisas, pero sin pausa e imparten cursos de formación a otras personas

m. c.
lugo / la voz

Álvaro Fernández y João Fernándes trabajan en el taller de carpintería instalado dentro del Centro de Artesanía e Deseño, dependiente de la Diputación. Allí trabajan todo lo que tiene que ver con la madera, que incluye restauración y reparación de muebles de los distintos museos de la red y de la Diputación. De lo que antes fue una escuela conocida en todo el país aún queda un curso -que se viene haciendo una vez al año- de iniciación a la ebanistería. Con una duración de 500 horas, los dos artesanos imparten el estudio para un total de seis personas.

Su día a día

Sin pausa pero sin prisa, explican los maestros que el primer paso para llevar a cabo la restauración de los elementos es «estudiar el mueble y desmontarlo»; posteriormente, se reparan las piezas que están en mal estado, «se limpia y se vuelve a montar». Este es el trabajo más habitual en el día a día de Álvaro y João, que también fabrican artesanalmente los tintes con los que tiñen los muebles. A partir de minerales, que mezclan con agua, obtienen los colores que necesitan.

«Antes se hacían muebles y ahora, más bien se hacen para exposiciones del centro por lo que podríamos decir que nos orientamos más hacia el tema expositivo, explica Fernández, que conoce bien el taller desde el año 88 en el que lo pisó por primera vez. Él fue alumno de la escuela desde los 14 años, «os cativos que non seguían estudando, collían un oficio», explica. A los 16 empezó como alumno trabajador ya encaminado hacia la ebanistería. De eso, quedan los talleres anuales para recordar con nostalgia a los cientos de profesionales que formó el organismo.

«Nos llegan cosas de toda la provincia», cuenta João, que explica también cómo buscaron «casa por casa trozos de un telar de Cervantes» con el fin de poder reconstruirlo. Ambos trabajan todo tipo de madera e incluso hueso, especialmente la de árboles autóctonos.

En cuanto a las salidas, el año pasado acudieron a un encuentro en A Pontenova de antigüedades pero, explican los artesanos, no tienen por costumbre acudir a otro tipo de eventos que podrían ayudarlos a la hora de, por ejemplo, visualizar su trabajo.

«Al hacer de todo, a lo mejor hay una época en la que hacemos piezas para exposiciones y otra en la que nos centramos en arreglar alguna pieza rota y que puede ser de gran valor», explica Fernández, a lo que João añade que el suyo es un trabajo complicado porque si están haciendo algo «y sale otra cosa más urgente, hay que compaginarlo todo».

Un trabajo manual

La base del trabajo en el taller de carpintería de Centrad está en las manos de los artesanos. Casi todas las herramientas son manuales porque «hay piezas con las que debemos tener cuidado y mucha delicadeza», explican los maestros, que también reivindican el poder de la artesanía tradicional. «Xa temos o Ikea para mercar mobles de fábrica pero o artesán traballa cas mans», bromean. Asimismo, explican que sus alumnos se quejan por tener que usar mucho las manos y que prefieren «traballar con xente nova» porque aprenden de cero, algo que se complica conforme van avanzando las edades.

Pero esto de la ebanistería también requiere un trabajo mental, «hay que romperse la cabeza y lleva tiempo» porque esta es una labor de reparación y no de sustitución como se va imponiendo con el paso de los años. «O fácil é facer unha peza nova», explican. Los momentos de bloqueo -como en todas las profesiones- también son algo normal pero, al ser dos, cuentan que es más sencillo superarlos porque se apoyan el uno en el otro. «A veces se nos cruza el cable y hay que tener paciencia. Es necesario dejar algo hasta el día siguiente para cogerlo con más ganas», narran.

Las pruebas también son una parte fundamental del trabajo, muy necesarias para comprobar que todo se está realizando de manera efectiva y correcta. «Hacemos pruebas de todo, más cuanto más complicado es lo que estamos haciendo», explica João. Las manías también son algo habitual y no iban a ser menos estos dos maestros. «Somos anticlavos, yo lo aprendí de João», cuenta Álvaro, que también explica cómo antes se fabricaban muebles muy complejos sin emplear una sola punta. «Así se desmontan sin ningún problema ni rotura», cuenta.

Un aprendizaje constante

«Siempre estamos aprendiendo, es cosa de la ebanistería», dicen los artesanos, que recuerdan el tiempo que emplean en pensar en sus reparaciones. «También es importante reciclarse y, al mismo tiempo, conservar los conocimientos que tenemos de antes», explica João, que recuerda la importancia que tiene «andar con el tiempo sin olvidar que hay que mirar atrás».

El lutier

Antonio Franco es el lutier del Centro de Artesanía e Deseño. Enlazando con sus compañeros del taller de carpintería, cree que «las piezas de antes tienen una construcción muy diferente a las de ahora». En su mesa de trabajo, un bloque de peral empieza a tener forma de cítara. «La problemática radica en que esta madera hoy por hoy ya no se puede conseguir», explica el lutier, preocupado por las pocas plantaciones de frutales que, dice, hay en el rural gallego actualmente. «Antes se cultivaban por comida y había también madera», cuenta.

Crear instrumentos de forma artesanal es un proceso largo y difícil. «Voy talando y comprobando la sonoridad de cada instrumento», explica Franco, que lleva 32 años trabajando como artesano y dice que siempre persigue «el sonido» y que, aunque los instrumentos son aparentemente una obra de arte, la estética pasa a un segundo o tercer plano.

«Un poco de renovación vendría bien para darnos a conocer», cuenta el lutier, que apoya la idea de que la artesanía debe salir de las paredes del Centrad para ser más reconocida y «volver a ser lo que fue». Su pieza más valiosa, un tronco de caoba cubano que «ya no se puede exportar ni comprar» y tiene «un precio incalculable en dinero». Su taller, un almacén de piezas únicas e imposibles de conseguir «porque nos vamos a quedar sin madera», augura el hombre.

El arte también juega un papel fundamental en esto de la fabricación de instrumentos. «La gente piensa que esto es solo artesanal y este oficio antes de ser eso, es artístico», explica el hombre, que dice dedicar mucha imaginación a lo que hace.

La base del trabajo es manual y apenas utilizan herramientas eléctricas

El lutier del centro explica la problemática actual para comprar determinada madera

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