¿Se volverá a repetir un incendio en un paraíso natural como Os Ancares?

Investigadores y vecinos creen que sí, pero destacan que hubo un cambio social


cervantes / la voz

Se cumple un año de los incendios que arrasaron casi cuatro mil hectáreas de montes incluidos en la Red Natura: 2.649 en dos focos en Cervantes y 1.104 en Negueira de Muñiz, según los natos del Ministerio de Medio Ambiente. Doce meses después surge una pregunta si se puede volver a repetir un desastre ambiental parecido. La respuesta es sí.

El profesor e investigador del Departamento de Edafoloxía e Química Agrícola en la Escola Politécnica de Lugo, Agustín Merino, apunta que dentro de la desgracia hay un aspecto positivo: «Hubo un despertar de la sociedad que dijo una especie de ‘nunca máis’, y esta percepción ha llegado para quedarse. En la reunión que tuvimos los técnicos con los diputados del Parlamento expusimos, y todos lo comprendieron, que los incendios del 2017, por sus circunstancias, se escapaban de cualquier capacidad organizativa; pero también entendieron que para atajar el problema la sociedad tiene que implicarse». Merino coordina desde hace tres años el programa Plantando cara ao lume, que pretende educar, concienciar y formar a los voluntarios. «Luchar contra los incendios no es una cuestión exclusiva de técnicos y de recursos económicos; es necesaria la educación y la sociedad».

Ya sobre el terreno, Manuel Rodríguez, responsable del Hotel Piornedo y durante años jefe de brigadas contra incendios, también cree que pudo haber un antes y un después: «Lo que vivimos fue tremendo; nos movilizamos todos los vecinos porque ya no era una cuestión medioambiental, sino de supervivencia», relata un hombre que a pesar de su experiencia en la extinción de incendios sin dudarlo afirma que fue el peor que ha vivido.

No fue para menos. Un primer foco, intencionado, prendió el 12 de octubre a escasos metros de Piornedo, BIC e icono del patrimonio de Galicia. Cuando lo tenían controlado, en el vecino Vilarello arrancaba otro que fue imposible de detener: «Se produjo una explosión por la combustión que se fue almacenando y se hizo incontrolable», explica Manuel, que a sus 69 años lucha porque no vuelva a suceder algo similar en un entorno natural de privilegio, su Piornedo natal.

En Cervantes, el peor

Al día siguiente se iniciaba en otra parroquia de Cervantes (Cereixedo), el incendio de los incendios, el que se llevó por delante casi dos mil hectáreas del corazón de Os Ancares. «Todos somos culpables e sospeitosos de facelo, porque facer dano é moi fácil», explica ahora con reflexión un vecino. El miedo que se vivió en aquellas jornadas -con aldeas evacuadas, ganado abandonado a su suerte y viviendas y vehículos calcinados- marcó a los habitantes de las aldeas por donde el fuego corrió como la pólvora. «Sempre fixemos queimas controladas, pero isto foi adrede», explica otro vecino. En lugares como O Pando, San Martín o Deva, ya nada es lo mismo. No solo hay heridas evidentes en el paisaje sino problemas con el pasto del ganado.

Quizás el modelo de producción extensiva del ganado en espacios naturales, que no están preparados para ese fin, se ha puesto en tela de juicio. Manuel, de Piornedo, lo tiene claro: «Cando era rapaz, aproveitábase todo, e hoxe quérese vivir dun xeito extensivo e por riba das posibilidades. Vivimos nun lugar privilexiado e no que se pode diversificar a produción, con mel, castañas, noces, carne de varias especies, froitas, turismo...».

Este vecino de Piornedo considera que una posible una solución para asentar población, clave para combatir los incendios, sería convertir Os Ancares en parque natural, palabras malditas para una parte de la población del municipio. El ingeniero de Montes e investigador Raúl García recuerda que los mismos días de los incendios de Cervantes había otro en Muniellos (Asturias), que también es parque natural, pero que este tipo de distintivos vienen acompañados de medidas y ayudas que harían más atractivo vivir en lugares protegidos.

En Piornedo, cuando Manuel era un niño, vivían cerca de doscientas personas y en las 16 aldeas de la parroquia, Donís, más de mil. Hoy apenas llegan a los 115 vecinos. «El día del incendio tuvimos la suerte de que el fuego no dio una curva natural y lógica, si no arrasaría las aldeas. Fue como un milagro, en el que nuestros ancestros nos estaban diciendo: ‘Pero que estades a facer co territorio?’».

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