María, enferma de agorafobia: «Cada día intento salir de casa tres o cuatro veces»

Más de 12.000 lucenses sufren alguna enfermedad mental y la mayor parte de los casos no están diagnosticados

m. c.
lugo / la voz

Taquicardias repentinas y palpitaciones, falta de aire, sudoración, cansancio, insomnio, ganas de huir sin saber adónde, bloqueo, inseguridad y unas ganas de llorar irrefrenables son algunos de los síntomas de la ansiedad, directamente relacionada con otros problemas de salud mental. Según los datos oficiales, más de 12.000 lucenses padecen alguna enfermedad mental y, según los expertos, el número podría ser mayor pero los diagnósticos son insuficientes por los estigmas que aún persisten en la sociedad. Algo irracional al tener en cuenta la cifra que ofrece la Organización Mundial de la Salud y es que las enfermedades mentales serán la primera causa de discapacidad en el año 2030.

Según el estudio Prevalencia de los trastornos mentales en Galicia, elaborado el año pasado por el Sergas y la Xunta, la incidencia es mayor en hombres que en mujeres pero son estas las que sufren la dolencia durante más tiempo. El índice de ansiedad aumenta en un rango de edad que va de los 18 a los 35 años, ya que el 58% de los jóvenes toma fármacos sin prescripción médica, y disminuye a partir de los 65. En el 10% de los casos, la dolencia está directamente relacionada con el alcohol. El 80% de las personas enferman al final de la adolescencia, lo que dificulta que puedan incorporase al mercado laboral. La crisis también fue y es la culpable de muchos casos relacionados con la ansiedad.

La voz de quien la sufre

 María sufre agorafobia, un trastorno de ansiedad relacionado con los espacios abiertos pero también con otros que están cerrados como los ascensores. Tras varias recaídas, esta mujer lucha a diario contra su enfermedad con un tratamiento específico y mucha fuerza de voluntad. «Perdí mi trabajo, mis amistades y en dos años conseguí alejarme 50 metros de mi casa», explica. Padece agorafobia desde los 23 años y, desde entonces y con 53, ha tenido tres recaídas. Pero eso no ha sido un impedimento para que María pueda hacer vida normal y es que las recaídas siempre suceden después de una época prolongada de estrés o tras una pérdida importante.

La ansiedad es una epidemia silenciosa y dolorosa que a su vez está muy estigmatizada El diagnóstico es una pieza clave en todas las enfermedades y un pilar fundamental en el caso de las que están directamente relacionadas con la salud mental. Un buen diagnóstico, personalizado y de la mano de profesionales empáticos y que sepan del tema es fundamental. «En la Seguridad Social la salud mental funciona fatal y mi sensación es que no se esfuerzan todo lo que deberían», explica María, a lo que añade que «no tratan personas, tratan números». En su experiencia personal se sincera diciendo que, cuando va a la consulta, los médicos «miran a una pantalla» y la despachan en apenas 20 minutos, un tiempo en el que «no da tiempo a escuchar». En la última cita, explica que el consejo que le dieron es que «comprase un perro» y fuese «valiente».

Incomprensión

Un sentimiento generalizado entre las personas que sufren ansiedad es la incomprensión; en el médico, en la calle e incluso con la familia. «La gente piensa que la ansiedad es como cuando vas a un examen y te pones nerviosa», explica María. Pero la realidad es bien distinta y, aunque muchos piensen lo contrario, es una fortaleza profunda la que hace que las personas que padecen alguna enfermedad relacionada con la ansiedad salgan de la cama cada mañana.

«Yo cada día intento salir de casa tres o cuatro veces. Al principio salir era pisar el felpudo, luego el rellano e incluso abrir la puerta del portal», explica María, que hace hincapié en el estigma social que sufren las personas con enfermedades mentales. «Sé que voy a recuperarme» es el aliento de la mujer, que pone todo su empeño en conseguir sus metas. En las enfermedades que presentan síntomas físicos la enfermedad es evidente pero en el caso de las mentales «te pueden poner en duda», cuenta esta mujer, que también reflexiona sobre la problemática para demostrar «que lo que pasa es real».

Las asociaciones cobran un lugar fundamental en este tipo de enfermedades. Para María, la Asociación Española de Ayuda Mutua contra Fobia Social y Trastornos de Ansiedad (AMTAES) es un pilar fundamental. «Tenemos un grupo de WhatsApp en el que tengo alguien que me apoya y comprende». En todos los casos, y más en estos, el grupo social es fundamental, explican los expertos.

La educación debería estar presente en los colegios en torno a la salud mental. Es muy importante para que la sociedad normalice la situación con las personas que padecen esta dolencia y así se pueda hablar abiertamente de ella porque, como todo, lo que no se nombre no existe.

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