Un escenario preelectoral abundante en despropósitos


«Todo es un despropósito. Un despropósito servido con el disfraz de la igualdad», escribió Fernando Ónega en su artículo Paga, paga, clase media, a cuenta de la política fiscal que diseña el Gobierno presidido por Pedro Sánchez. «Todo es un despropósito» podría decirse también en el caso de Lugo, en cuya política institucional todo parece haberse averiado, colapsado, embarrancado, naufragado; todo, menos la recaudación tributaria. Nada hay, al margen de los tributos, que funcione con eficacia en el terreno local: con dinero en el banco, las facturas se pagan tarde y hay funcionarios (los policías locales entre ellos) a los que se les deben las horas extraordinarias de todo un año; los servicios del Concello están en crisis; conseguir una licencia de obra exige larguísimas esperas; más de una veintena de empresas operan servicios públicos en los que la concesión terminó hace años. Y así. Cuando casi nada funciona como debe, algunos asuntos entran en la vía judicial. El PP presentó denuncia por los (no) contratos con empresas que operan servicios locales.

El socialismo, con Orozco, dio a Lugo algunos de sus mejores años desde la Transición; pero el socialismo también dio a Lugo algunos de los peores años de gestión municipal: los cuatro del último del mandato de López Orozco y algunos del penúltimo. Lara Méndez no logró invertir la tendencia heredada, más bien la aceleró. Todo jugó en su contra: llegada inesperada a la alcaldía, su propia bisoñez en la gestión, desconocimiento de la ciudad y sus gentes, equipo inexperto y elegido por otro, tensiones de personal que, sin una gestión eficiente, fueron a peor. Pese a todo ello, Lara Méndez, parapetada en su sonrisa y a base de fotos y gestos, ha conseguido hacerse un hueco y un nombre político. No es un logro menor, en el que ha tenido mucho que ver la fluida relación que estableció, siguiendo el hilo tejido en la Diputación, con las asociaciones.

En este escenario comienza en Lugo la carrera electoral. Una carrera en la que el PP (Feijoo) «venderá» para su candidato, Carballo, el equipamiento del auditorio, aunque lo pagarán los lucenses (exenciones en el IBI a la Xunta), gracias a otra genialidad de la política tributaria socialista. O sea, también en Lugo se da el despropósito servido con el disfraz de la igualdad y la participación.

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Un escenario preelectoral abundante en despropósitos