Animales con una segunda oportunidad

Un colectivo atiende a ochenta familias con mascotas a través de un banco de alimentos y cuida de perros, gatos, cabras, una yegua y un burro


Lugo / La Voz

Abu, Pepa, Meiga... tienen una historia en común: son animales -un burro, una yegua y una perra- que han sido víctimas de maltrato y que ahora están disfrutando de una segunda oportunidad gracias al trabajo y a la concienciación de Noelia Rodríguez y Alberto León, dos voluntarios de la asociación lucense Ayuda Alimentaria Animalista, y de quienes colaboran con este colectivo, como Bigotes, de Lalín.

La asociación lucense trabaja en dos grandes frentes: la acogida y cuidado de los animales y la búsqueda de familias de adopción, y un banco de alimentos para animales. Precisamente hoy, el colectivo tendrá un puesto informativo en el supermercado Lidl de Lugo, donde recogerán alimentos para animales. El 15 de septiembre y el 20 de octubre estarán en Kiwoko. Fundamentalmente, necesitan víveres para perros y gatos, pero también son bienvenidos alimentos para vacas, gallinas, pájaros, caballos... pues las necesidades afectan a todo tipo de animales.

80 familias reciben alimentos

La asociación funciona desde hace año y medio, aunque los voluntarios llevan «toda la vida» ayudando a los animales. En la actualidad, colaboran con unas ochenta familias de toda la provincia -Lugo y su entorno, A Mariña...- a través del banco de alimentos, donde recogen diferentes tipos de pienso, hierba... La mayoría, son familias con problemas económicos. «Con esta ayuda que prestamos a través del banco de alimentos de animales se busca evitar los abandonos», explica Noelia Rodríguez.

Por otro lado, el colectivo lucense cuida en sus instalaciones a numerosos animales: quince perros, un burro, una yegua, dos cabras enanas, varios gatos... Y la mayoría han sido víctimas del maltrato, llegando a las instalaciones en pésimas condiciones, tanto físicas como psíquicas, y con una dura historia a sus espaldas.

La de Abu es una de ellas. Este burro fue recogido en la zona de Vigo después de haber pasado toda una vida trabajando duramente: «Fue maltratado y llegó sin microchip y con un pésimo estado de salud. Hoy en día, tras seis meses con él, está recuperado y parece otro: es feliz y ya camina por sí solo», explica Rodríguez.

Esta voluntaria destaca la necesidad y la importancia de este tipo de iniciativas, pues el número de abandonos de animales crece y la Protectora de Lugo está saturada.

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