Tras los incendios de Os Ancares llegó la ceniza asesina

A pesar de todas las medidas de la Xunta para evitar arrastres, una parte de las cenizas van a los ríos y mueren las truchas

Tras los incendios llegó la ceniza asesina Comprobamos cómo está el cauce de los ríos

lugo

Era inevitable. Tras una plaga de incendios como la que afectó el otoño pasado a los Ancares, ni el centeno plantado, ni la paja extendida con helicóptero, ni las represas de piedras y madera fueron capaces de contener todas las cenizas que quedaron en cientos y cientos de hectáreas quemadas en las empinadas laderas de la sierra. Las lluvias de este año, torrenciales en algunos meses, fueron arrastrando poco a poco y sin que nadie se diese cuenta parte de esas cenizas montaña abajo, es decir, el fondo de los valles y al lecho de los ríos. Y ahora esas aguas cristalinas van distribuyendo el lodo negro de la ceniza por el fondo del río, especialmente en los remansos donde el agua pierde velocidad y permite que esos lodos se decanten y depositen en el fondo. Y es ahí donde reside el peligro de ceniza, que se vuelve mortal para las truchas. Y no porque las mate, sino porque impedirá que desoven, porque los salmónidos como las truchas solo ponen los huevos frotando el vientre contra el fondo arenoso y limpio, sobre el que depositan y fecundan esos huevos. Al ir desapareciendo esos fondos cristalinos, tapados por una capa de lodo viscoso y negro, las truchas dejarán de desovar y en uno o dos años sin reproducirse, los ríos quedarán prácticamente sin vida.

Así que los voraces incendios del año pasado traen ahora estos lodos que los vecinos de varios municipios de Os Ancares están describiendo ya como otra catástrofe que se les avecina en sus aguas fluviales cuando aún no consiguieron recuperarse de la primera: el fuego.

El mejor método

Ahora poco importa la discusión de los técnicos de la Xunta sobre si era mejor sembrar centeno en unas zonas y extender paja en otras. Ciertamente, los peores arrastres de tierra y ceniza se producen en donde no se tomó ninguna medida; pero tampoco los esfuerzos en sembrados de centeno y colocación de paja han sido totalmente eficaces.

Ni las tornas y represas construidas en los riachuelos, cunetas y torrenteras, que ya en las primeras lluvias del invierno se comprobó que cuando llovía fuerte, las aguas arrastraban las cenizas y las dejaban caer formando turbias cascadas en cada represa construida por los técnicos.

Las medidas ayudan si a los pocos días del fuego llovizna suavemente y el terreno se va compactando mientras crece el centeno o la paja se apelmaza en el suelo, pero si las lluvias son intensas, arrastran igualmente la ceniza por toneladas hasta los ríos.

Muchos vecinos y pescadores de la zona quieren que se conozca esta catástrofe, de los ríos llenos de lodo, para que los delincuentes que prenden fuego sepan que con su delito no solo destruyen el bosque para muchos años, sino también los cristalinos ríos de Os Ancares y sus peces.

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