El patrimonio del Instituto Provincial

Los fondos documentales de que dispone son básicos para entender la historia educativa


lugo

Hace un año, el pasado 17 de mayo de 2017 el Parlamento europeo y el Consejo de la Unión europea decidían declarar el año 2018 como Año Europeo del Patrimonio Cultural. Se destacaba en esta declaración que el patrimonio no es sólo un legado que nos ofrece el pasado, sino también un recurso imprescindible para nuestro futuro por su valor educativo y social, sin que puedan olvidarse las posibilidades que ofrecen los bienes patrimoniales para potenciar el desarrollo económico ni tampoco sus dimensiones para facilitar la cooperación y los intercambios culturales, de ahí que sea indispensable defender su protección y procurar su salvaguarda. En otras palabras, el patrimonio hay que reconocerlo, preservarlo, estudiarlo y divulgarlo porque ofrece un gran interés social.

Los institutos históricos, y el provincial de Lugo es uno de ellos, han ido acumulando a lo largo de su longeva actividad un patrimonio documental imprescindible para entender la historia educativa y la evolución social de los últimos 175 años en España. Hasta los años de la II República en el país existían únicamente seis decenas de estos centros en los que se fueron recogiendo las circunstancias docentes de cada distrito y archivando los documentos que registraban el paso de estudiantes y profesores por sus aulas, junto a repertorios legislativos, relaciones de material pedagógico o inventarios de distinta tipología. Esta situación iría generando un material documental abundante que los centros conservaron no siempre con los mejores criterios ni en las mejores condiciones.

Utilidad

Dos fuentes documentales resultan particularmente útiles para estudiar la evolución de los institutos y del modelo educativo que promocionaron: los libros de actas del claustro de profesores, en las que se recogen los acuerdos tomados por ese colectivo docente durante las reuniones que celebraba periódicamente, y las Memorias anuales, folletos tipografiados que se empezaron a publicar a partir de 1858 y que recogían un discurso preliminar del director o del secretario, además de las novedades académicas producidas en el personal, en el equipamiento del centro y en las adquisiciones de instrumental y de material pedagógico (aparatos, libros, láminas…).

Estas memorias se completaban con cuadros explicativos sobre los resultados de la enseñanza y con otras consideraciones. Por desgracia, en la mayoría de los institutos españoles su repertorio de memorias aparece mutilado, a veces muy considerablemente, y no nos ofrece una serie completa de los sucesivos cursos. Con respecto a los libros de actas la situación varía de unos centros a otros, y así en el lucense hay una amplia laguna documental de esta fuente informativa que va de marzo de 1868 hasta enero de 1918, un espacio de cinco décadas cuya desaparición nos resulta imposible explicar por el momento.

Otras aportaciones

A estas dos fuentes que podríamos considerar de carácter primordial, habría que añadir otras aportaciones documentales más específicas, como los expedientes de profesores ?en particular sus hojas de servicio?, los expedientes de alumnos, los documentos administrativos de diverso tipo (presupuestos, libros de matrícula, papeles de administración, actas de calificación, papeletas de examen, expedientes disciplinarios, libros de registro, nóminas, títulos, correspondencia…), y, por último, las referencias a los institutos que se recogen en la Gaceta, en el BOE, en los Anuarios, en las colecciones legislativas y en la prensa local de cada época histórica.

*Antonio Prado Gómez es doctor en Historia. Catedrático jubilado del instituto Lucus Augusti

Un elemento documental nada despreciable, no sólo por su valor informativo sino también por el ilustrativo, son las referencias iconográficas, como grabados, fotografías, planos de los edificios e instalaciones que se fueron ocupando, dibujos o representaciones utilizadas para desarrollar la actividad académica o administrativa. Evidentemente, todos estos elementos constituyen, además, un importante elemento patrimonial del centro histórico.

La última, pero no menos importante consideración documental, sería la de las publicaciones y trabajos de los profesores y alumnos, las revistas escolares, los libros de texto utilizados… y los trabajos bibliográficos que hagan referencia al instituto en cuestión o a otros centros, que en este caso pueden servir para establecer interesantes análisis comparativos.

En todo caso, debe quedar claro que en los fondos documentales que se conservan en el Instituto lucense se recogen las circunstancias de su longeva actividad y, por lo tanto, en la consideración de que fue el buque insignia de la enseñanza provincial durante más de un siglo, su conservación y estudio resulta imprescindible para comprender la evolución educativa de la provincia y para entender el significado de muchas de las actividades que en ella se desarrollaron. De ahí debe deducirse su importante valor patrimonial.

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