Reserva de la Biosfera teñida de negro

Los vecinos se quejan de que no se permitan cortafuegos al ser un espacio protegido


El patrimonio natural de Lugo está dañado de muerte. El espeso humo que invade Os Ancares aún no permite adivinar la catastrofe ambiental que se está viviendo en la Reserva de la Biosfera desde la madrugada del viernes. Las estimaciones iniciales hablan de más de 2.000 hectáreas calcinadas, pero las impresiones de los vecinos de Cervantes es que estamos ante un drama que algunos creen que se podía haber evitado. «Non pode ser que durante o ano non nos deixen facer cortalumes e todo porque vivimos nun espazo Reserva da Biosfera», se lamentaban ayer un grupo de vecinos de O Pando y de Cela.

Con el nerviosismo y el enfado en el cuerpo, los vecinos de estas dos aldeas se quejaron también de la ausencia de medios para atajar el fuego y pusieron en duda la orden de desalojar las viviendas sin que hubiese personal contraincendios suficiente para atajar el problema.

Vecinos que no hicieron caso

Ante la falta de medios, un buen grupo de vecinos de estas aldeas desoyeron las recomendaciones de abandonar sus viviendas y con sus propias manos fueron capaces de evitar que las llamas llegasen a algunas aldeas. «E que aquí veñen persoas a apargar un lume que non coñecen o terreo e non saben moverse, polo que sería bo que houbesen contado con nós», señalaban los vecinos, quienes además se señalaron impotentes ante la llegada de las llamas.

Los valles de Noceda estaban ayer con un paisaje desolador. «A reserva está teñida de negro», resumía ayer una vecina. El silencio era absoluto. Ni un solo ruido de pájaros ni de hojas movidas por el viento. Mientras el aire, que debía ser puro y limpio, se hacía irrespirable, el suelo estaba calcinado. «E que ardeu ata a terra». Solo en algún punto había un rescoldo de vida, aunque fuesen hojas muertas del otoño. El corazón de Os Ancares ?que ayer visitó en primera persona el presidente de la Diputación, Darío Campos, para animar a un cabizbajo alcalde, Begnino Gómez? tiene una herida aún abierta y que tardará años en recuperar. La imagen de uno de sus símbolos, el castillo de Doiras, invadido de espeso humo, define el estado en el que vive la comarca: del esplendor natural de Lugo, a la negrura.

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