Una cura de pasión en la montaña

Su «desamor» por el baloncesto tras su salida del Real Madrid empujó al escolta a cotas más altas


LUGO / LA VOZ

La voz de Isma Santos (Ourense, 1972) llega a través del teléfono. Está en Italia por motivos de trabajo y su tono pausado y grave transmite la calma de los Alpes. Hace casi 15 años que dejó el baloncesto profesional y aunque reconoce que fue un capítulo «maravilloso» de su vida, no lo echa de menos. «No tengo arrepentimiento ni tengo morriña. Lo viví a tope, di el máximo cada día y es una etapa que he cerrado».

Habla sin resentimiento de su historia de «desamor» con el deporte al que dedicó buena parte de su vida. «Mi relación con el baloncesto fue muy especial porque desde muy pequeñito me sirvió como de compañero de viaje y vivía para ello. Mi ilusión y mi energía estaba puesta en eso. Fue algo muy romántico por mi parte, pero fue algo muy mío. Terminé de esa manera y eso fue provocado por mi salida del Real Madrid por un tema personal, que no deportivo. Eso me ha enseñado mucho con perspectiva. Cuando eres joven a veces no ves lo que te está diciendo la vida. Me sirvió para abrir los ojos», relata.

Adaptación camaleónica

Santos ha demostrado una capacidad de adaptación camaleónica, primero con el baloncesto y después con la montaña. A pesar de criarse como un anotador, se hizo un especialista defensivo para tener un hueco en el primer equipo madrileño. Su perseverancia lo llevó a ser capitán de los blancos e imprescindible para el equipo. Con la montaña le ha pasado algo similar y en los últimos años ha hecho de su pasión su modo de vida. Su amor por la escalada llegó en Italia, cuando el baloncesto todavía le identificaba. «Conocí otra cultura y quería descubrir quién era yo a parte de Ismael Santos, ex jugador del Real Madrid, que es lo que fui durante muchos años».

Fue entonces cuando sintió la llamada de la naturaleza. «Era lo que andaba buscando», «cuando era pequeño me enamoré del baloncesto, hice del baloncesto mi manera de vida y me enseñó mucho. La montaña lo hizo luego, de manera distinta porque las edades cambian. Fue una continuación de ese camino para seguir conociéndome mejor a mí mismo». Una de las cosas que le engancharon de inmediato de la escalada es que tuvo que aprender de cero físicamente y técnicamente.

Su primera experiencia fue en las Dolomitas, una cadena montañosa imponente del noroeste de Italia. «Todavía jugaba en la Benetton de Treviso y tuvimos un parón de unos días en invierno. Todo me impactó, en realidad es todo una cuestión de timing. Si eso hubiera llegado 10 años antes no hubiera pasado nada, de hecho, varias pretemporadas con el Madrid las viví en Sierra Nevada y no me llevé ningún impacto», dice convencido de que fue el hecho de estar buscando otro camino lo que le atrapó.

Un nuevo reto

«Estar en contacto con la naturaleza, y ponerme en situaciones de riesgo o peligro me enseñó a conocerme mejor. Una parte importante al principio fue el reto, de probarme a mí mismo. La parte competitiva la llevas dentro y no puedes dejarla tan fácilmente. He de reconocer que eso me acompañó durante un tiempo, ya no». Desde el 2009 ha hecho de la pasión su profesión, tras formarse como guía. «Por eso digo siempre que mi vida ha sido un regalo y un privilegio, porque hablas con la gente y ves la vida de las personas y muy pocas pueden decir con 45 años lo que digo yo, que he hecho siempre lo que he querido y lo que me ha apasionado. He crecido a nivel personal y a nivel interior».

Cree que el rocódromo al que aspira Lugo sería un acierto para la ciudad

Califica de «extraordinario» que Lugo esté peleando por acoger un rocódromo que podría llegar a ser el más grande de Europa si llegase a haber un acuerdo a tres bandas entre la Xunta, la Diputación y el Concello. «Creo que el tema del rocódromo es una cosa bonita en sí. No porque yo sea de montaña y me encante la montaña y me encante escalar, creo que es una actividad sensacional para los niños a todos los niveles». Santos encuentra beneficios en el desarrollo «físico, mental y emocional» de los chavales y además, dice: «Sería incorporar una nueva actividad a la ciudad que no sea el fútbol, el baloncesto o balonmano, que está muy bien que las haya. Te da otra perspectiva muy distinta de tu cuerpo porque es una actividad vertical, a nivel motor y mental funciona de otra manera, por lo que me parece una gran experiencia».

Montañista experimentado, Santos sabe que «para la iniciación es fundamental» contar con una instalación de este tipo. «La montaña es un terreno de aventura y la seguridad al 100 % no existe. Al rededor de un rocódromo se pueden hacer muchas cosas a nivel educativo». Cree que se puede enseñar a los niños a escalar bien y asegurar a sus compañeros. «Sentar unas buenas bases es fundamental», por lo que además de la instalación considera primordial que el recinto cuente con un personal experimentado que pueda enseñar a los nuevos escaladores con criterio.

Comunidad de escaladores

La instalación se planifica en Lugo en el Pazo de Feiras e Isma Santos está convencido de que funcionaría muy bien. Él vivió muchos años en la región montañosa de Chamonix (Francia). «Los colegios realizan otro tipo de actividades que tienen que ver con el entorno de montaña y a los chavales les encanta». El ejemplo francés tenía una dimensión más amplia: «Es una muy buena cosa para ofrecerle a las familias, para que los padres puedan hacer con sus hijos», añade y cree que ayudaría a crear una comunidad de escaladores mucho más amplias. «Me parece algo muy bonito y una iniciativa muy interesante para la ciudad porque podría llegar a atraer gente de toda Galicia». La comunidad autónoma no cuenta con una instalación como la que se proyecta en Lugo y el único rocódromo que tiene la ciudad está ubicado en el Palomar.

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