La inaplazable necesidad de terapias contra el descrédito político


El escritor Juan Marsé, en una entrevista concedida al periodista Sergi Doria, acaba de lanzar una recomendación que no debería caer en saco roto. El autor la limita a los gobiernos nacional y catalán, pero seguramente muchos de sus lectores la creen aplicable casi a cualquier otro, al menos con criterio de observación: «De verdad, creo que a la clase política que nos gobierna, tanto desde la Generalitat como desde el Gobierno de la nación, habría que ingresarla de urgencia en alguna institución mental». Algo ocurre en los gobiernos que es reflejo de una enfermedad social que no acaba de ser diagnósticada y, por tanto, no recibe tratamiento. Basta con mirar al entorno inmediato para percibir que algo muy extraño les pasa a muchos de los que, por la vía de las urnas, han conseguido encaramarse a los puestos desde los que se pilota la sociedad.

La afirmación de Marsé tiene mucho de boutade (según la RAE: «intervención pretendidamente ingeniosa, destinada por lo común a impresionar»), pero es innegable que los síntomas son alarmantes. Entre unos y otros, entre los de aquí, los de allí y los de allá, han conseguido, por ejemplo, que el Ayuntamiento de Lugo, con una economía saneada, sea incapaz de pagar dentro de los plazos legales. Ya hay una empresa que ha logrado que el Concello tenga que depositar en el juzgado la cantidad adeudada. Es inaudito. Es inevitable la morosidad cuando no se dispone de medios para hacer frente a las facturas, pero solo a una gestión disparatada de lo público se puede achacar el actual estado de cosas en Lugo. Debe quedar claro que no es solo responsabilidad de los gobiernos locales.

La astracanada vivida en la Diputación requiere un análisis que va más allá de lo político y lo sociológico. Y de paso conviene incluir en la revisión a quienes en el seno del PSOE expedientaron, medio expulsaron y readmitieron al diputado díscolo, gracias al cual el PP presidió la Diputación durante unas semanas. Y para qué hablar de la crisis de identidad que padece el PSOE en todos los ámbitos. Cela, escritor inmenso, dejó dicho que «la Historia nos enseña dos cosas: que jamás los poderosos coincidieron con los mejores, y que jamás la política fue tejida por los políticos». Y así estamos.

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