Carballo, el líder deseado para dirigir el PP local y encabezar el retorno a la alcaldía

Desde algunos sectores del partido se anima una lista en la que Rozas ocupe la segunda plaza


lugo / la voz

A Ramón Carballo, subdelegado del Gobierno, nadie lo cuestiona en el Partido Popular de Lugo, goza en él de un altísimo nivel de aceptación y tiene una muy buena imagen social. Enrique Rozas, ex gerente del patronato municipal de Deportes y unos de los concejales más veterano del grupo municipal, es una de las referencias del PP en la capital lucense, una de sus caras más conocidas y con más proyección social. En amplios sectores del partido se señala que un tándem Carballo-Rozas sería la mejor solución para dirigir la organización en el ámbito local, en la renovación que habrá producirse tras el congreso nacional. Y parece que ese tándem (los dos forman parte de la dirección provincial) es posible, que empieza a perfilarse con Carballo en la presidencia de la junta local y Rozas en la segunda plaza de la cadena de mando. Aunque nada obliga a que sea así, el presidente de la junta local suele ser el candidato a la alcaldía. Oficialmente todo es silencio en el PP lucense; entre la afiliación popular el debate está ya muy vivo.

Quienes lo conocen, dicen que Carballo no demuestra mayor interés en asumir la responsabilidad del partido en el ámbito local, la presidencia de la junta local. Pero todo indica que, pese a ello, tendrá que optar a la presidencia del partido en el municipio de Lugo. Y más si, como parece, Rozas no se plantea liderar él una lista a la junta local. Carballo y Rozas mantiene una muy buena relación personal. Una lista encabezada por Carballo y con Rozas de número dos no tendría enfrente ninguna otra, al menos con alguna opción de éxito.

Apoyo

Hay que recordar que Rozas fue uno de los puntales, sino el principal resorte, con que contó en la capital lucense en su momento la candidatura de la hoy presidenta provincial del partido, Elena Candia. La máxima responsable provincial aseguró que más de una ocasión que el congreso local se celebrará tras el nacional.

La presidencia de la junta local suele ser la posición de partida desde el partido de los candidatos a la alcaldía de Lugo. De ahí el interés que hay tanto entre algunos notables populares como entre la afiliación de que Carballo sea el presidente local. Si fuera así, si se plasmase una opción como la indicada, parece más que razonable que ejerza como portavoz municipal Enrique Rozas. Y aquí podría surgir el primer escollo. El actual presidente de la junta local y portavoz municipal, Jaime Castiñeira, declaró días pasados que su compromiso municipal es por cuatro años. Recordó que en su día afirmó que no volvería a presentarse a la alcaldía. Es decir, Castiñeira dejaba clara de este modo su voluntad de mantenerse al frente del grupo municipal hasta el final del mandato.

Sorpresa

Las citadas declaraciones de Castiñeira causaron sorpresa en algunos ámbitos del partido, señaladamente entre algunos de los más notables de la organización. En todo caso, salvo entre la militancia de a pie, en el PP lucense se elude abordar abiertamente este asunto, se repiten los comentarios acerca de que aún no se ha convocado el congreso local y que lo que toca en los próximos días es el congreso nacional. Y sin embargo se mueve.

Sin experimentos

Para el futuro del PP lucense es esencial recuperar la presidencia de la Diputación y la alcaldía de Lugo. Otro mandato en la oposición puede situar al partido en una situación muy difícil. En la dirección provincial lo saben y saben que no es una ocasión para experimentos. Necesitan un candidato con probada capacidad de empatía social y un equipo conocido y rodado. Aún así, lo tendrán difícil. Por eso buscan a Carballo para la junta local. Y después vendrá lo otro.

Un grupo municipal que conoció mejores momentos

El grupo municipal del PP conoció mejores momentos, o al menos esa es la impresión que se tiene en algunos sectores del partido a tenor de lo que dicen algunos de los militantes más significados.

El temprano desencuentro entre el portavoz, Jaime Castiñeira, y el concejal Enrique Rozas, no fue bueno ni para la imagen ni para la eficacia del grupo. Y eso a pesar de que las diferencias de criterio se movieron en el terreno del silencio, salvo algún esporádico fogonazo que iluminó el desencuentro. Rozas ha guardado un silencio que solo se entiende desde un sentido castrense de la disciplina y la fidelidad al partido. El desencuentro se apreció bien en el proceso para el pasado congreso provincial: Rozas fue de los concejales que apoyó la candidatura de Elena Candia, elegida presidenta; Castiñeira no estuvo en el grupo de apoyo a Candia, en su competición con Raquel Arias por la presidencia provincial. Rozas no tiene dedicación exclusiva al Concello y compatibiliza su labor edilicia con su trabajo en un ministerio.

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