No todo es paz y fraternidad «hippie» en la comuna de Negueira de Muñiz

Algunos propietarios denunciaron en la Guardia Civil squeo de edificios y tala de árboles


Parece que no todo es paz y fraternidad compartida en Ernes y otros pueblos de Negueira de Muñiz donde se establecieron en los años 70 hippies y jóvenes provenientes de diversos lugares de España y Europa. Ahora ya no se puede hablar de una comuna ni de jipis, sino de parejas o familias venidas de fuera para asentarse en un precioso paraje  bastante apartado, a donde ahora ya se puede llegar en coche y hay luz eléctrica. Muchas  de sus casas fueron ocupadas por los nuevos habitantes con distinto grado de consentimiento por parte de sus propietarios, y algunas compradas legalmente a sus titulares, la mayor parte de los cuales son granjeros o ganaderos de Terra Chá. Fueron trasladados a la fuerza a esa comarca por el Gobierno de Franco tras llenar el embalse de Grandas de Salime y dejar aislados varios pueblos como el de Ernes en los años 60.

Algunas casas fueron quedando en ruina y las utilizaron los recién llegados, y otras se conservaron hasta la actualidad sin ocupar. Pero algunas de estas construcciones centenarias de piedra se vinieron abajo en pocos meses y, curiosamente, la mayor parte de la pizarra, especialmente las piezas talladas que conformaban puertas y ventanas, no estaban entre el suelo, sino que desaparecieron, igual que las vigas. Esto llevó a los propietarios que viven en Terra Chá a investigar la situación y acabaron denunciando ante la Guardia Civil posibles sabotajes a sus casas para que se cayesen y poder llevarse los materiales.

Y tras varias investigaciones existen ya informes de los agentes con abundante material fotográfico en los que describen rodales de tractores desde alguna de las casas derruidas hasta fincas utilizadas por alguno de los nuevos inquilinos de Negueira, en donde estaban construyendo las bases de nuevas edificaciones con grandes piedras. Los informes de los agentes recogen que en determinados lugares se encontraron vigas centenarias de madera, seguramente provenientes de casas, que fueron apiladas y cortadas para usarlas posiblemente en nuevas construcciones. Junto a esas vigas  hay otras recién serradas a partir de troncos autóctonos de gran porte, los cuales aparecieron cortados en algunas fincas, quizá sin permiso, por hallarse en red natura. Algunos de esos árboles eran de propietarios que no viven allí y que aseguraron en la denuncia que ellos no los cortaron ni dieron permiso a nadie para hacerlo.

Compra frustradas

Algún denunciante explica que recibió ofertas de compra de fincas o casas por parte de los nuevos ocupantes del pueblo, y después de cerrar el trato y poner fecha para ir a la notaría, los compradores buscaron una excusa para no ir ese día a firmar y no volvían a dar señales de vida. Curiosamente, pocos meses después alguna de esas casas o construcciones agrícolas fueron las que aparecieron derruidas. La Guardia Civil investiga los hechos, el juzgado ya citó a declarar a algunos testigos, y todo apunta que el caso acabará en juicio por apropiación o daños al patrimonio.

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