La historia del joven que fabricaba billetes de 50 con fotocopias, tijera y pegamento

xosé Carreira LUGO / LA VOZ

LUGO

El acusado en el banquillo y su abogado en el juicio celebrado ayer en la Audiencia.
El acusado en el banquillo y su abogado en el juicio celebrado ayer en la Audiencia. alberto lópez

«Só unha persoa con poucas luces faría iso», dijo el abogado del acusado

21 ene 2015 . Actualizado a las 05:03 h.

Fue a un videoclub, hizo quince fotocopias de un billete de 50, tiró de tijera y pegamento y «fabricó» en un plis plas 750 euros que luego le entregó a un colega a modo de pago. Esta es la historia resumida de Lorenzo, un joven de Antas, que se enfrenta a una petición de condena de once años de cárcel porque el fiscal le imputa un delito de falsificación de moneda. Si el tribunal de la Audiencia que lo juzgó ayer no estimase esa calificación hay otra alternativa, la de estafa, por la que podrían caerle tres años. Además es posible que tenga que abonar una multa que podría alcanzar los 7.500 euros y, desde luego, no le van a colar fotocopiados.

Lorenzo le había vendido un coche a un colega por 750 euros, pero resulta que el comprador se echó atrás porque cuando procedió con los trámites de la transferencia resulta que en Tráfico le advirtieron que había varias sanciones por pagar. Esta circunstancia provocó que optase por romper el trato. Llamó al vendedor por teléfono y le dijo que cogiera el coche y que le devolviera el dinero. Así ocurrió. Lorenzo se presentó en casa del adquiriente con un fajo de billetes en un sobre que entregó a la madre del afectado.

La receptora del dinero entregó a cambio del sobre las llaves del vehículo y la documentación del mismo. Después le llevó el dinero a su hijo y este comprobó que los billetes eran de fotocopia. Seguidamente presentó una denuncia ante la Guardia Civil. Los hechos sucedieron en el municipio de Antas de Ulla.

Lorenzo parece que estaba algo mosqueado con el comprador. Otras veces parece que habían hecho tratos y, dijo, que él no cumplía. Así que se fue a un videoclub, echó cuentas de cuantas fotocopias tenía que hacer de un billete de 50 para fabricar un fajo de 750 y se los devolvió al comprador. «El xa sabía o que había. Sabía perfectamente que eran billetes falsos porque enseguida se deron conta cando os viron no sobre. Logo chamáronme para ir recoller o coche e xa está. Non me reclamou nada», aclaró.

«Fixemos varios negocios e él tomábame por tonto. Ó final fixen eu esa tontería. Foi unha chiquillada», explicó Lorenzo al tribunal.

El comprador dijo que cuándo su madre le dio el sobre, llamó al vendedor y este ya no respondió al móvil, razón por la cual fue inmediatamente a presentar una deuncia. «De billetes non tiñan nada», dijo el afectado.

En la vista incluso declararon testigos que dijeron haber visto a Lorenzo haciendo los «trabajos manuales» para fabricar los billetes.

El abogado del acusado calificó la falsificación a la que alude el fiscal como algo muy burdo. La definió como «unha simulación que só unha persoa con poucas luces podería facer». Recalcó que tales hechos no se podían calificar, de ningún modo, como un delito de falsificación de moneda como considera el fiscal. Aclaró que los billetes fotocopiados de Lorenzo no engañarían ni a un «niñote» de tres años.