«Leasing» rural en la Ribeira Sacra

La cesión de parcelas a monte a cambio de su limpieza facilita nuevas explotaciones agrícolas en aldeas amenazadas por el despoblamiento


monforte / la voz

El retorno al campo que muchos presagiaban cuando la crisis económica apretaba con más fuerza no tuvo la repercusión esperada en la Ribeira Sacra. Con la excepción de la viticultura, dura pero rentable, agricultura y ganadería siguen siendo la última carta de la baraja en un territorio de vocación rural. Hay, sin embargo, quien se empeña en ir contracorriente. Matías González dejó su empleo en una fábrica de Castellón para instalarse en Sober. En la parroquia de Rosende, ha ido reuniendo fincas que permanecían a monte y que sus propietarios le ceden a cambio de que las tenga limpias de maleza. Más que económica, la suya fue una crisis vital. «Traballo tiña, pero quería darlle un xiro á miña vida. Onde estaba todo eran coches e andar todo do día na estrada», explica.

Matías tiene 31 años y nació en Tuiriz, en el municipio de Pantón, uno de los que limitan con Sober. Su compañera tiene un negocio en esta última localidad, pero la elección del escenario de su nuevo proyecto vital fue más rebuscada. «Necesitaba un sitio onde non houbese moita gandería para poder reunir terra suficiente», relata. Se instaló en Rosende hace un año con una pequeña finca y una oveja. Hoy tiene más de un centenar y lleva unas sesenta fincas en arriendo. ¿El precio? Que se comprometa a que dejen de ser una selva repleta de tojos y zarzales.

«A xente ten moito medo a que collas dereitos se lle entras nas fincas. Ao primeiro hai que convencela, pero cando ven que vas en serio son eles os que chas ofrecen. Eu empecei en Rosende e xa as levo tamén en Anllo e Vilaescura», explica. Matías cría el ovino para la producción de carne, que vende al detalle a vecinos de Sober. También espera comercializar parte de las cinco mil pacas de hierba que prevé recoger esta campaña. La elaboración de quesos, una de las ideas que baraja, queda para más adelante porque, según su experiencia, «a inversión necesaria é grande e as axudas moi pequenas».

No solo dinero

Su rebaño no da para hacerse rico, pero presume de haber ganado calidad de vida. «Non se trata só de cartos, tamén hai que vivir. O traballo no campo é duro, pero non sinto tanta presión e podo falar con todo o mundo. Aquí coñecémonos todos», presume. No es el único rostro joven en un territorio marcado por una crisis demográfica alarmante. Carlos Pérez tiene 26 años y vive en su pueblo natal de Piño, en A Pobra do Brollón. El pasado año estrenó un puesto de venta de productos de la huerta en la plaza de abastos de Monforte. «Son un rapaz da aldea que quere seguir nela», dice la memoria que presentó para hacerse con la concesión. Por lo que parece, su sueño aún es posible.

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