La solidaridad lucense salvó a una inmigrante dominicana

Después de sufrir un grave derrame cerebral, Silveria Ramírez consiguió recuperarse en el HULA y regresó a su país natal con su familia


Lugo / La Voz

A Milagrosa organizó una colecta para que su hijo pudiese venir a Lugo a visitarla

La historia de Silveria Ramírez está marcada por la adversidad, pero también por la solidaridad, la de distintos sectores de la sociedad lucense que permitieron a esta inmigrante dominicana reponerse de una grave enfermedad y volver a su hogar, con los suyos. Silveria llegó a Lugo en el año 2009, como tantos otros dominicanos, en busca de un futuro mejor para su familia. Vino sola, mientras en su tierra natal, en el humilde barrio de Padre Las Casas, le esperaban su hijo y su madre.

En la ciudad de la Muralla estuvo trabajando sin cesar, en sectores como la hostelería o empleada de hogar. Sin embargo, a mediados del pasado mes de diciembre la desventura vino a visitarla y sufrió un derrame cerebral que la dejó en una situación crítica, sentenciada a no recuperarse.

No obstante, sus vecinos y amigos lucenses, que hicieron las veces de su familia, no la dejaron sola. El párroco de la iglesia de A Milagrosa, José Antonio Ferreiro, parroquia a la que pertenecía Silveria, organizó una colecta solidaria. El objetivo era reunir dinero para que su hijo pudiese viajar a España y cuidar de su madre.

La respuesta fue masiva. La colecta coincidió además con la misa que se celebró con motivo de la fiesta de la Virgen de Altagracia, patrona de la República Dominicana. En ella estuvieron también el obispo, Alfonso Carrasco Rouco, y el cónsul de la República Dominicana en Galicia, Emilio Vicente Pérez Fontal.

Alegría por la llegada de su hijo

Precisamente, el cónsul, que estuvo pendiente de la situación de esta vecina desde el primer momento, destacó que la llegada de su hijo a Lugo fue como un bálsamo para ella: «Los propios médicos lo reconocieron, fue ver a su hijo y se empezó a notar su mejoría, comenzó a despertar con su llegada».

Sin embargo, el hijo tuvo que regresar a su país de origen, pero los facultativos no autorizaron el traslado de la mujer dado su delicado estado de salud. Aunque gracias a esa mejoría pudo someterse a otra intervención en Santiago de Compostela y luego regresar al HULA.

Hace unos días le dieron el alta, y el cónsul destaca que este final esperanzador no habría sido posible sin la solidaridad de los vecinos, del párroco de A Milagrosa, del presidente de la compañía aérea Air Europa y, fundamentalmente, de todo el personal de los hospitales, sobre todo de quienes estuvieron día y noche con ella en el HULA, para darle de comer, asearla y hacerle compañía, es decir, médicos, enfermeros, auxiliares, asistenta social... que se volcaron en su recuperación.

El problema es que la mujer, por una serie de circunstancias, se quedó indocumentada. Por ello, el cónsul se comprometió personalmente con esta vecina y arregló todo para que pudiese regresar a la República Dominicana con su familia.

El cónsul hizo el viaje con ella

Vicente Pérez la acompañó en el viaje de vuelta a casa, fue con ella hasta Madrid y luego cruzó el Atlántico, porque en su situación de falta de lucidez y de indocumentación no podría salir del país.

El reencuentro con sus familiares, según relata el cónsul, fue muy emotivo, aunque la familia no deja de estar marcada por el drama. La madre de Silveria Ramírez tiene unos 90 años, y su hijo, aunque tiene trabajo en una panadería, tiene tres hijos, uno de ellos con parálisis cerebral. Precisamente gracias a Cáritas se le envió una silla de ruedas para el pequeño.

Silveria se salvó gracias a una cadena solidaria que permitió su recuperación y su vuelta a casa. Pero ahora empieza para ella otra época de lucha, aunque rodeada de los suyos.

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