Acaba en el banquillo por fabricar galletas de la risa que provocaron cólicos y desmayos en un concierto de Pardiñas

Fueron puestas a la venta en un puesto de plantas medicinales y cremas caseras

la voz

Un gramo de galleta de maría de toda la vida cotizaba ayer en los mercados a 0,002 céntimos de euro. Sin embargo un gramo de galleta de maría, de marihuana, ronda el astronómico precio de cinco euros, según la valoración de la fiscalía de Lugo. Es quizás por esta vara de medir galletas por la que pide un año de cárcel para una joven holandesa residente en Negueira de Muñiz a la que atribuye un presunto delito contra la salud pública. La petición de pena es más elevada que la planteada para alguno de los acusados en la retirada de multas.

Las galletas de la risa fueron puestas a la venta en un puesto de plantas medicinales y cremas caseras en el festival folk de Pardiñas. Las hizo la acusada, según contó ayer en el juicio, utilizando unas hojas de marihuana con la finalidad de darles color, aroma y también olor. Las colocó en su puesto como complemento y sobre todo como márketing, según indicó.

La venta de las galletas de la risa resultó exitosa en el festival. Su comercialización hubiese pasado totalmente desapercibida, como ocurre en otros festivales y, sobre todo, en otros países europeos, si no fuera porque a algunos asistentes al festival comenzaron a darles retortijones. Incluso una joven de Ferrol se acabó desplomando y tuvo que ser conducida al PAC de Guitiriz.

La culpa de esta situación fue atribuida a las galletas de marihuana, no a los excesos etílicos que algunos habían cometido.

«No creo que las galletas provocaran una intoxicación. Sé el efecto que tenían porque yo las probé y otras personas también hicieron lo mismo y no tuvieron absolutamente ningún problema», indicó la acusada.

En la vista declaró una joven que acabó desvaneciéndose tras el consumo de las galletas. «Comí solamente media. Al principio no noté nada, pero durante el concierto comencé a sentirme mal, me mareé y caí al suelo», dijo.

Un testigo explicó que esa noche la afectada había mezclado un licor con una bebida energética. La testigo dijo que había sido así, pero recordó que eso ocurrió mucho antes de que comiera la galleta. De todos modos, el titular del Juzgado de Instrucción número 2 advirtió que la vista no era para determinar si las galletas causaron retortijones o no, sino por un delito contra la salud pública por utilizar marihuana.

«No sabía que fuese ilegal vender galletas de marihuana sobre todo porque en mi país el consumo y venta de cannabis está permitida», aclaró la mujer. El juicio de las galletas movilizó a más de media docena de testigos y también a varios guardias.

La imputada recordó que en su país era legal el consumo y la venta de cannabis

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