Las huellas de la viticultura monacal afloran en Monforte

El casco urbano conserva viejas bodegas vinculadas a los monasterios


MONFORTE / LA VOZ

La bodega monumental descubierta en la ladera del monte de Piñeira, cuya construcción podría remontarse según los expertos al siglo XVI o incluso a una etapa anterior, no es el único vestigio en Monforte del esplendor de la viticultura monacal, que propició en su día la expansión del cultivo del viñedo por toda la Ribeira Sacra. En Ribas Altas, en la periferia del casco urbano, se ubica otra antigua bodega, de dimensiones bastante más reducidas que la de Piñeira, que según la documentación que se conserva perteneció al monasterio de San Vicente en su época de mayor poderío económico. La cueva existente en la muralla del conjunto monumental, que suele asociarse a los restos de una vieja sinagoga, también parece haber sido en realidad una bodega perteneciente al cercano convento de Santo Domingo.

El hallazgo de Piñeira sobresale, sin embargo, por su espectacularidad y por su peculiar tipología constructiva. En la Dirección Xeral de Patrimonio no tienen constancia de que se haya catalogado otra edificación de esas características. «En Valdeorras fixéronse adegas aproveitando covas ou minas romanas que son verdadeiros monumentos. Nelas hai un traballo notable de escavación, pero esta é unha construción moito máis sofisticada. Parece unha obra de gran importancia relacionada con algún mosteiro ou coa nobreza», opina Gonzalo Meijide, arqueólogo del mencionado organismo de la Xunta.

En una primera impresión, los técnicos de la Consellería de Cultura sugieren que la bodega excavada en el monte podría datar del siglo XVI o incluso remontarse al XV, aunque precisan que será necesario un estudio en profundidad para llegar a una conclusión definitiva. Las puertas adinteladas y el estilo de la Bóveda, según el criterio del delegado de patrimonio histórico del Obispado de Lugo, César Carnero, son propias de los siglos XVI o XVII. «Para ir máis atrás habería que examinar os muros e os morteiros. En todo caso, é unha obra moi importante, coidada e moi custosa no seu momento», señala Carnero.

Recurso económico

Para este experto, no sería descabellado vincular la construcción de la bodega de Piñeira -descubierta al derribar un tabique de una casa construida al pie de la ladera del monte- con la economía del monasterio benedictino de San Vicente do Pino. Según señala, la reorganización que se produjo a finales del siglo XV, cuando San Vicente pasó a depender de la Congregación de San Benito el Real de Valladolid, trajo consigo la recuperación de numerosas tierras aforadas, en las que el viñedo tenía una presencia muy destacada.

«O mosteiro de San Vicente era dos máis ricos de Galicia e nos séculos XVI e XVII, incluso no XVIII, a maior parte dos seus ingresos proviñan da venda dos excedentes de viño», detalla el delegado de patrimonio histórico del Obispado de Lugo. En la zona urbana de Ribas Altas aún existe una antigua bodega cuya pertenencia a los benedictinos -junto al viñedo colindante, ahora cubierto de maleza- está acreditada documentalmente.

En el propio monasterio de San Vicente, convertido en Parador de Turismo, se conserva una bodega abovedada de tipología arquitectónica similar a la construcción monumental descubierta en Piñeira, aunque de menores dimensiones. La cueva existente en sus proximidades habría albergado, según César Carnero, otra bodega del convento de Santo Domingo.

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