«Mataron a mi padre y me cambiaron el nombre de Lenin por el de Ramiro»

La aparición en una fosa de Portomarín del cadáver de José Antonio Rivas, asesinado en el 36, devolvió la paz a su hijo Ramiro que vino de Argentina para la exhumación


Lugo/la voz.

Ramiro Rivas nació en el año 1932 en la parroquia de Fraialde, Pol. Y recuerda ligeramente la figura de su padre, un hombre que a él le parecía alto, pero solo tenía 4 años cuando, la noche del 10 de agosto de 1936, un grupo de falangistas fueron a buscarlo a su casa y lo secuestraron. Nunca más se supo de él. Pero Ramiro ayer era un hombre feliz, después de haber desenterrado junto a la sacristía de la iglesia de San Mamede do Río lo que quedaba del cadáver de su padre. Estaba en una fosa, boca abajo, con un agujero en el craneo (el tiro de gracia) y con los zapatos intactos, mientras que algunos huesos estaban ya bastante descompuestos. El antropólogo José Luis Prieto, del campus universitario de Ponferrada, certificará en próximos días que se trata efectivamente del zoqueiro de Fraialde, José Antonio Rivas Carballés, secuestrado y luego asesinado, cuando tenía 39 años y dejaba seis hijos. A uno le había puesto de nombre Lenin, y a la niña más pequeña la llamó Igualdad. Pero la represión franquista también fue más fuerte que sus ideales, y esta niña acabó rebautizada también como María Digna.

-¿Cómo era su padre para que despertase el odio de los falantistas y fuesen a matarlo?

-Pues era el zoqueiro del pueblo, que no estaba afiliado a nigún patido ni tenía una militancia conocida. Pero era una persona que leía mucho y estaba al día de lo que pasaba en el mundo, y supongo que las ideas de la revolución rusa le gustaban y por eso nos puso Lenin a mí e Igualdad a mi hermana pequeña. Tenía muchos libros en casa, incluso sabía mucho de medicina y tenía un atlas muy voluminoso del cuerpo humano y de las enfermedades. En aquellas épocas, en el pueblo, el cura era realmente el único ilustrado; era en realidad el abogado, el juez, el médico, el maestro y lo que hiciese falta. Y que el zoqueiro leyese tantos libros lo convertía quizá en un peligro, al igual que pasaba con los maestros. Por eso no quiso bautizarle a los niños ni hizo nada por salvarle la vida.

-¿Cómo consiguen saber del paradero del cadáver

-Porque en el año 52 mi madre necesitaba su certificado de defunción para viajar con dos niños a Argentina y demostrar que era la única tutora. Así que tras mucho rogar y preguntar en O Cádavo y en Portomarín, finalmente en este último municipio el cura le hizo un cerficado de defunción, aunque sin nombre. El papel dice literalmente, «un varón, de nombre desconocido». Veremos ahora tras recuperar el cadáver y enterrarlo si podemos cambiar ese certificado de defunción y ponerle nombre.

-¿Cómo recuerda su infancia y juventud?

-No tuve infancia ni juventud. Me tuve que hacer adulto directamente. Ni siquiera los que tenían medios lo pasaban bien, así que imagínese cómo vivíamos seis hijos pequeños de un rojo , al cargo de una madre sola que tenía que trabajar para darnos de comer.

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