La crisis en nuestros ríos

Benxamín Cela

LUGO

La mayoría sufrimos los efectos de la crisis, causando daños irreparables. Paro, pandemias, leyes carentes de justicia, son el pan nuestro de cada día. Paralelo, los gallegos estamos asistiendo a un proceso silencioso de degradación relacionado con la riqueza natural que se suma a la multidimensional crisis. El inicio de este deterioro al que me refiero tiene su origen en los mil embalses construidos a partir de 1945 de forma fraudulenta, al carecer muchas de escalas de salmónidos. Se formó así el mapa que produciría millones de kilovatios, que en un 60% se iría fuera de nuestras fronteras, sin contribuir al desarrollo de Galicia: con la paradoja vigente de gentes con mal servicio a pie de gigantescas centrales, pagando el recibo más alto de Europa.

En los 60 se ofrecía un relativo abanico de modernidad ante los ojos de vecinos, pueblos y empresas. Nadie se imaginaba que las gigantescas barreras de hormigón que cortaban nuestro ríos dejarían a Galicia sin un tesoro: la pesca continental caminaba hacia su desaparición. Por si fuera poco, en la actualidad hay escandalosos vertidos, núcleos de población, empresas dispersas y todo tipo de actividades humanas que usan el agua como medio de transporte de la basura, permitiendo a los contaminadores pagar en función del vertido y de su carga, norma que nuestros vecinos asturianos ven como tolerancia 0.

La norma de pescar sin muerte impuest a los pescadores tiene sentido en época de escasez, pero ¿por qué a los que todo el año destruyen y pescan con muerte no se les aplica la misma ley? Sería bueno que los viejos embalses hagan las escalas de salmónidos que privaron a Galicia de la riqueza piscícola y recordar que las grandes civilizaciones nacen al borde de los ríos. ¡Del agua vivimos y bebemos!