Zapatero y Orozco felicitan a Josefa

El máximo deseo de una vecina de la calle del Prado que acaba de cumplir cien años, es montar en burro. Su familia intentó cumplirlo ayer


El mayor deseo de Josefa Pichín Novo, que cumplió los 100 años el pasado miércoles, es volver a montar en un burro. Su hija Isabel y su nieta Issa, con las que vive, quisieron cumplírselo en la medida de las posibilidades de la centenaria y organizaron una comida con un grupo de amigos en Marcelle para que Josefa pudiera volver a ver de cerca estos animales por los que siente verdadera adoración.

La anciana recibió ayer la visita del alcalde, José López Orozco y de la concejala de Benestar Social, Carmen Basadre, para felicitarla. Días antes también encontró en el buzón una carta del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con los mismos buenos deseos. Lo hace desde hace cuatro años, sin fallar uno.

La centenaria y el alcalde se intercambiaron piropos y Orozco le ayudó a abrir los regalos. Uno era una figura de San Froilán, de Sargadelos, y la otra una fotografía del propio regidor, con una dedicatoria, a la que la mujer no se cansaba de darle besos.

La anciana apenas pudo conversar con sus visitas porque tiene problemas de oído. Habitualmente utiliza un sonotone que ayer tenía estropeado. Su hija y su nieta se comunican con ella a través de mensajes escritos. La sordera y la diabetes son de los pocos males que aquejan a Josefa, que tiene la cabeza muy lúcida, aunque algunas veces muestra lagunas.

Lee sin gafas

La centenaria, según su hija, es una lectora compulsiva y lo hace sin gafas. Devora revistas en el balcón de su casa, con la compañía de una cotorra, que se llama Rubia y a la que la anciana dedica atenciones y poemas.

Josefa Pichín nació en Trobo, en Begonte, hace cien años, en una casa de labradores, en la que tenían una yegua. La anciana prefería montar el burro de unos vecinos que en la elegante caballería de su familia. Dejó de tenerle tanta afición el día que la tiró en el barro. De esos años en los que era «un perico», según la propia Josefa, le viene su afición por los burros.

Cuando se casó se trasladó a vivir a Lugo. Tuvo dos hijas que le dieron cuatro nietas. Con Isabel y con Issa vive desde hace 20 años.

La centenaria siempre fue una mujer muy trabajadora. Formó parte de la plantilla de la antigua fábrica Abella y posteriormente se dedicó a comprar pollos, huevos y otros alimentos en las ferias y los vendía en la plaza de abastos. Hasta los 80 años Josefa La Piñeira, como la conocían en el mercado, no dejó sus transacciones.

Josefa se despertó ayer y lo primero que le dijo fue: «Cen anos cumplo, e estou ben segura de que cando cumpla outros cen estarei na sepultura». Hija y nieta tienen un cuaderno para anotar todas las aportaciones de la abuela a lo largo del día. Isabel recuerda otra de las ocurrencias con las que la sorprendió: «O corazón dunha pulga quen o soupera guisar, tiña comida e cea para un cento a fartar».

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