El breve paseo con sonrisas y saludos de Rajoy en San Froilán

El presidente del PP visitó ayer rápidamente el ferial antes de comer el pulpo con unos 750 afiliados y simpatizantes de Lugo


A las tres menos veinte de la tarde, Mariano Rajoy llegó ayer al San Froilán acompañado por el líder del PPdeG, Alberto Núñez Feijoo. No quiso hacer ninguna declaración a la prensa. ¿El motivo? Los nervios parecían aflorar en el presidente del PP después del patinazo sufrido en A Coruña unas horas antes, cuando un micrófono «indiscreto» reveló que «mañana [por hoy]» tiene previsto asistir en Madrid al «coñazo del desfile» de las Fuerzas Armadas.

En la plaza del Seminario les esperaban «populares» como el presidente del partido en Lugo, José Manuel Barreiro, el eurodiputado Daniel Varela, el diputado Joaquín García Díez, los parlamentarios autonómicos Jaime Castiñeira y José Manuel Balseiro, así como varios alcaldes y concejales. Por allí pululaba también el ex delegado del Gobierno en Galicia -ahora congresista-, Arsenio Fernández de Mesa. Tras saludar a un niño en un paso de cebra, la comitiva en pleno pasó de largo de las decenas de manteros que a esa hora alfombraban la calle Obispo Aguirre con cedés pirata y bolsos falsificados.

Custodiado por un Barreiro extremadamente sonriente y encantado como anfitrión, Rajoy completó el paseo por Rodríguez Mourelo, García Portela y Vila de Foz en menos de veinte minutos. Muy profesional en su papel de político, saludó y posó con todo aquel que se le acercó: feriantes, visitantes, jóvenes, mayores... Un comerciante negro que le dio la mano le espetó: «Está usted mucho más blanquito que yo señor Rajoy».

Quinceañeras con Feijoo

Pero el rey de la imagen fue Núñez Feijoo. Resultó curioso ver a varios grupos de quinceañeras que tenían previsto acudir al concierto de El Canto del Loco abrazando al líder de los populares gallegos, ansiosas por inmortalizarlo en una fotografía. Como si del líder de la banda madrileña se tratara. «Tenemos una foto con él y otra con Rajoy», comentaba enfervorizada una cría tras lograr su objetivo.

Un «¡Muy buenas, ¿cómo andamos?!», un apretón de manos, una palmada en la espalda o un beso -si se trataba de una mujer o un niño- fueron la constante en todo el camino. «¡Señor Rajoy, aquí hay un voto suyo!», gritó un feriante. «¡Adiós presidente!», exclamó otro. En varias casetas, los miembros de la comitiva probaron una tajada de pulpo.

Al final del recorrido, a Rajoy le esperaba el coche oficial; y en el interior su esposa, Elvira Fernández. «¡Debe de ir algún político!», comentaba un anciano. ¿Próxima parada? El restaurante Torre de Núñez, donde unos 750 afiliados y simpatizantes del PP de toda la provincia arroparon a su líder. El plato costaba 30 euros por persona. Alguno de los asistentes al encuentro comentó que Rajoy debería dejarse ver algo más.

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