Carne de cerdo, café y tute para vivir bien con más de un siglo

La xermadina Manuela Carballo cumple hoy 106 años, aún ayuda en casa y conserva una memoria exacta de su larga vida


«Nunca pensei chegar aquí». Sentada en la cocina de su casa -situada en el barrio de Portosilva (Xermade), al lado de la LU-170-, Manuela Carballo Solmo repasa detalles de su larga vida. Nada menos que 105 años, que hoy se amplían a 106, son los que lleva a cuestas, aunque oyéndola y viéndola, esa extensa trayectoria vital parece más una compañía que una pesada carga.

Nació en el mismo barrio en el que ahora vive, en una casa muy cercana a la actual. Tuvo cinco hijos: la mayor, Esperanza, que vive con ella; la menor, Oliva; y en medio, Sergio y dos gemelos, Demetrio y Remedios. Pero es Manuela Carballo quien aporta más detalles, consecuencia de una memoria feliz y de una capacidad de expresión aún intacta. Así, cuenta que todavía viven todos -«con saúde», como se encarga de precisar- y que su hijo Sergio nació, como ella, en febrero.

La familia se completa con otras tres generaciones, formadas respectivamente por seis nietos, tres bisnietos y tres tataranietos de los que también aporta noticias: «Teño aí a foto de todos eles», dice.

La vida diaria de esta centenaria no tiene una hora fija para levantarse, como ella explica. Incluso hace una confesión sobre el descanso al que se ha hecho acreedora por su edad: «Traballar, non traballo nada», explica. Sin embargo, esa versión se contradice con la de familiares y vecinos, que aseguran que todavía prepara un café, cocina un arroz con leche o echa algo de alimento a los conejos.

La comida es, por lo que ella explica, uno de los detalles a los que presta más atención y que sigue con fidelidad. «Como carne de cocho todos os días», dice, al tiempo que precisa algunas de sus preferencias gastronómicas: en primer lugar, el jamón debe estar crudo y no cocido; en segundo, los huevos, mejor cocidos; en tercero, el pescado, más aconsejable para los demás que para ella.

Toma el café del desayuno con leche, aunque reconoce que a lo largo del día no se priva de «un pouquiño» solo. Bebía algo de vino cuando era joven, pero agrega que nunca se emborrachó.

Pero si sus costumbres gastronómicas son firmes, no menos débiles parecen algunos de sus hábitos de ocio, entre los que destaca su afición a juegos de cartas como el tute o la brisca. Echa una partida a diario con su hija, y además nos explica la razón. Por un lado, es conveniente esperar «ata ás dez e media ou ás once» para acostarse; por otro, ahora no hay los alicientes de antaño: «Antes calcetábase ou fiábase, pero agora non se calceta nin se fía», declara.

Afición

El recurso a los naipes como pasatiempo habitual parece, pues, justificado, ya que la programación de la televisión no la entusiasma. Manuela Carballo confiesa alguna carencia en los juegos de mesa -«Ao que nunca xoguei foi ao dominó», explica-; pero lo que no dice, se supone que por modestia, es que su habilidad con las cartas no admite discusión: en la pasada Navidad, de visita en casa de una hija que vive en Labrada (Guitiriz), echó tres partidas.

No extraña, por tanto, el piropo de una vecina que la visitó ayer por la tarde: «Cantas quixeran estar coma ti», le dijo.

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