Los duques de Lugo participaron en los actos más arraigados del San Froilán

Las calles del centro se abarrotaron para saludar y fotografiar el paseo familiar desde el Concello al ferial Felipe Juan, que se encontraba cansado, fue atendido por personal sanitario

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?arece como si cada una de las visitas de los duques de Lugo a la capital lucense estuviese pensada para rendir un homenaje a aquellos signos que definen a la ciudad. Sin en las cinco anteriores estuvieron en la Muralla, el Concello, la catedral, el campus o el Museo Provincial, era normal que en su siguiente estancia en Lugo fuese durante el San Froilán.Pero no era un día cualquiera: era Domingo das Mozas. El sol de la mañana acompañó a la infanta Elena, a Jaime de Marichalar, y a sus hijos Felipe Juan Froilán y Victoria Federica. Llegaron con la intención de vivir las fiestas patronales y pudieron comprobar cuáles son algunos de los actos más enraizados del San Froilán. Después de acudir a la misa dominical en la catedral, los duques y sus hijos recorrieron a pie el trayecto que les llevaba hasta la casa consistorial, donde se celebró la Mostra do Traxe Tradicional. Iban acompañados por el presidente de la Xunta, Manuel Fraga; el alcalde José López Orozco; y el delegado del Gobierno, Manuel Ameijeiras. Miles de personas, que llenaron la plaza Maior, se agolpaban en la alameda para ver a los duques y sus hijos. La infanta y su esposo se detuvieron en numerosas ocasiones para saludar a los lucenses. Sus hijos iban vestidos con los trajes gallegos que les regaló el sábado el Concello. Desde los hombros de su padre, Victoria Federica divisaba el gentío que les hacía pasillo en el fondo de la plaza y en la calle Bispo Aguirre, al tiempo que saludaba cuando el público le decía «guapa». Los duques estuvieron acompañados en su recorrido hasta el parque Rosalía por agrupaciones de música tradicional. A su paso por el ferial, no dudaron a la hora de catar productos típicos de la repostería gallega. Su hija Victoria dio cuenta de un bizcocho. Mientras, su hermano, tras un paseo tan ajetreado, comenzó a dar signos de cansancio. A pesar de ello, aguantó la ofrenda a Rosalía. Después, su madre comprobó si tenía fiebre y le sacó la chaqueta. Aun así, el niño tuvo que ser atendido minutos más tarde -esta vez acompañado por su padre- por personal médico en una ambulancia 061 próxima a las casetas del pulpo. Felipe Juan Froilán se repuso sin ningún problema y participó en la comida institucional, que concluyó antes de las cuatro de la tarde.

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