DESDE EL ADARVE
30 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EL CONTRIBUYENTE lucense asiste atónito a la guerra del agua, que es guerra preelectoral y miserable. El lucense que paga en la ventanilla municipal el agua que no bebe -la que bebe la paga en la tienda- tiene derecho a indignarse hasta afiliarse al partido de las abstención. Tan disparatado resulta que Aguas de la Cuenca del Norte, y la inefable Diputación, se empeñen en construir una nueva traída, sin contar con el Ayuntamiento de Lugo, como que el alcalde filósofo y los suyos se apunten a la estrategia del Bloque y rechacen de plano la opción del Narla. El centralismo disparatado de los unos no justifica la oposición de los otros. En un asunto tan serio como es el suministro de agua, las instituciones, los políticos que las dirigen, están obligados a buscar juntos la mejor solución. Y pretender que el Concello de la capital pierda el control sobre el abastecimiento es un mal punto de partida.