Día del Libro: 13 libros que hay que regalar

Por clásicos, por entrañables, por divertidos, por rarezas no demasiado conocidas o por apuestas seguras. Ahora solo falta la rosa

Dar con el título perfecto para regalar no es tarea sencilla. Al escoger, uno no solo elige un volumen bien encuadernado, sino también (y sobre todo) una historia, un mensaje. ¿Por qué esta aventura y no otra? ¿Por qué esta para él, aquella para ella? No es poca responsabilidad la de anticiparse a lo que al otro le va a gustar, así que, desprovistos de momento de capacidad de atino, hemos decidido optar por la probabilidad. Por el peso de la mayoría: para este Día del Libro proponemos ejemplares que, o bien nos han gustado mucho, o bien siempre regalamos mucho. Por clásicos, por entrañables, por divertidos, por rarezas no demasiado conocidas o por apuestas seguras, de las que muy pocas veces suelen defraudar. 

1. «Pregúntale al polvo». John Fante

Fante lo hizo antes que Kerouac y Bukowski: creó un alter ego -Arturo Bandini- y nos habló de su propia vida, de sus frustraciones y de sus defectos; de sus debilidades también. Pregúntale al polvo es quizá su mejor trabajo, una breve e implacable novela llena de giros que nos traslada a Los Ángeles de los años treinta a través de un joven aspirante a escritor y de sus relaciones -con una camarera mexicana, pero también consigo mismo-.

2. «Submarino», de Joe Dunthorne

Al rebelde Oliver Tate, un adolescente de 15 años del sur de Gales, la crítica no ha dejado de compararlo, una y otra vez, con Holden Caufield. Pero el personaje de Dunthorne, que bajo el agua se propone la doble misión de salvar el matrimonio de sus padres y perder la virginidad antes de cumplir los 16, es mucho más que un sucedáneo del chaval de Salinger. Es irreverente, contestatario y soñador. Y este, su relato -llevado al cine en el 2010-, un libro cautivador y muy, muy divertido. Mordaz, pero muy divertido.

3. «Emaús», de Alessandro Baricco 

En el año 2011, Baricco, catapultado a la fama por Seda doce años antes, publicó una novelita -por escueta, que de insignificante tiene poco- de esas que a uno, como lector, le cambian la vida. Norte de Italia, años sesenta. Cuatro adolescentes de familias muy católicas y, de repente, una chica, Andre, de clase alta y costumbres liberales, que lo cambia todo. 

4. «Los renglones torcidos de Dios», de Torcuato Luca de Tena

Adictivo, e inesperado: en sus páginas, nada que uno pueda imaginar con semejante título. Este clásico de la literatura española nos presenta a Alice Gould, una mujer ingresada en un sanatorio mental que, en su delirio, dice ser investigadora. Mejor no revelar nada más.

5. «Años luz», de James Salter

Que Salamandra haya lanzado hace unas semanas sus lecciones sobre literatura recopiladas en El arte de la ficción es una buena excusa para incluir a Salter en nuestras recomendaciones. A James Salter hay que leerlo. Su escritura es abrumadora. Su retrato de la burguesía, delicioso. Y luego están sus mujeres -siempre las mujeres, poderosas, magnéticas mujeres-. Años Luz lo consagró. Hay que empezar (o seguir) con él, con este boceto tan bien trazado de la condición humana a través del matrimonio Berland, con sus cenas de gala en Manhattan, con el humo de sus cigarrillos, con su vida tranquila y sosegada a orillas del río Hudson, con el cansancio y la apatía; con lo salvaje, con la incertidumbre, con el delirio. 

6. «Rebeldes», de Susan E. Hinton

Puede que les suene, especialmente si han nacido en la década de los ochenta: «Nadie dijo que la vida fuera fácil. Pero Ponyboy está bastante seguro de que tiene las cosas controladas. Sabe que puede contar con sus hermanos, Darry y Sodapop. Y sabe que puede contar con sus amigos, amigos de verdad, que harían cualquier cosa por él, como Johnny y Two-Bit. Y en lo que respecta a los socs (una violenta banda de pijos a los que les encanta vapulear a los greasers, como lo son él mismo y sus amigos) sabe que puede contar con ellos para armar broncas. Pero una noche alguien lleva todo esto demasiado lejos y el mundo de Ponyboy da un vuelco inesperado...». Regalar Rebeldes es un confortable ejercicio de nostalgia, pero también una forma de mantener viva la historia de Ponyboy, Darry y Sodapop (y todos los demás), de contársela a todos los que, por lo que sea, la pasaron por alto.

7. «Vestido de novia», de Pierre Lemaitre

Es muy difícil soltar este libro una vez que empieza a devorarse. Porque se engulle. Aquí lo del ritmo trepidante no es un halago marketiniano más, no hay clichés en este apunte; es cierto, Vestido de novia es absorbente, inquieto, agobiante por momentos. Su esqueleto es eléctrico, lleno de golpes de efecto. Pero, qué nos cuenta. ¿De qué va todo esto? Sophie Duguet no entiende qué le sucede: pierde objetos, olvida situaciones, es detenida en un supermercado por pequeños robos que no recuerda haber cometido. Un puzle perverso. Perturbador.

 8. «El mundo según Garp», de John Irving

Jenny Fields, una joven bostoniana de buena familia, abandona su cómodo hogar tras un escandaloso episodio. Y concibe a Garp, un peculiar personaje, más si cabe que su madre, que va construyendo un mundo, el que él ve, excéntrico y por momentos desquiciante, repleto de situaciones desconcertantes.

9. «El deshielo», de Lize Spit 

No es una lectura que regalar a cualquiera. Porque es despiadada; ante ella, el lector llega a sentirse verdaderamente violento. Pero qué historia tan bien llevada: tan bien contada, tan bien resuelta. Huele -es más- a que tiene menos de inventiva y más de recuerdo llevado al papel, pero poco importa en realidad. Lo que sí nos atrapa de la historia de estos tres amigos -Laurens, Pim y Eva-, los únicos que nacieron en 1988 en la pequeña ciudad de Bovenmeer, es la negligencia, es las cicatriz que no se ve. Ese momento en el que, de repente, uno es consciente de que no hay marcha atrás.

10. «Chesil Beach», de Ian McEwan

De McEwan regalaríamos todo, desde Expiación hasta Sábado, pero hoy nos quedamos con Chesil Beach, una novela corta pero maravillosa que nos narra la amarga noche de bodas de Edward y Florence en 1962, en un pequeño hotel de la costa de Inglaterra. Dice su editorial en España, Anagrama, que McEwan «construye su chejoviano, delicadísimo, terrible mapa de una relación, del amor, del sexo, y también de una época, y de sus discursos y sus silencios». Pues eso.

11. «El domingo de las madres», de Graham Swift

Su primera escena merece ser leída casi sin respirar. Pero no podemos decir mucho más de esta novela tan redonda porque, si no, lo contamos todo. Un amor imposible entre una sirvienta británica y un chico de clase alta en 1924. Y una noche, la última. Imposible olvidar lo sucedido aquel 30 de marzo.

12. «Agua salada», de Charles Simmons

«En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó». En una remota isla de la costa atlántica, el quinceañero Michael y sus padres arrancan sus habituales y apacibles vacaciones. Aparece entonces el amor, y las pasiones. Desear y sentirse deseado; la necesidad de sentirse deseado. Lo complejo. Para leer en una tarde, del tirón. Un empacho de los que sientan realmente bien. 

13. «Las Posesiones», de Llucia Ramis

Y de guinda, una novedad. Llucia Ramis, ganadora del premio Anagrama de novela en catalán, elabora en Las Posesiones un elegante, pero implacable toque de atención a su generación, la de los hijos de la Transición: bisagra entre dos mundos, huérfanos de memoria, despojados de todo aquello que se les prometió, muy dados ellos a quejarse mucho y a arrimar poco el hombro, especialmente a la hora de pelear. «Lo que quería era hacer un retrato, a través de una historia familiar, de la sociedad de los últimos años -contó a La Voz hace unas semanas-. Y quería hacerlo a través de los silencios, de las cosas que no se cuentan, y de qué manera nos afecta eso en el día a día, de qué manera tenemos que prescindir de las cosas que amamos y de qué manera eso nos limita».

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