Mayo de 199: Los colmenares del sur lucense, atacados por la loque americana

Francisco Albo
francisco albo MONFORTE / LA VOZ

SOBER

Una página de La Voz publicada en mayo de 1999 informó sobre la propagación de la plaga de loque americana en el sur lucense
Una página de La Voz publicada en mayo de 1999 informó sobre la propagación de la plaga de loque americana en el sur lucense LA VOZ DE GALICIA

Apicultores de Sober alertaron  sobre la propagación de la plaga, una enfermedad que ataca las larvas

18 may 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Mucho tiempo antes de que en Galicia se oyese hablar por primera vez de la velutina, los apicultores del sur de la provincia estaban preocupados por la extensión de otra plaga que dañaba gravemente las colmenas. «La loque americana, una enfermedad que ataca a las crías de abeja, amenaza con convertirse en la pesadilla del año para los apicultores gallegos», señalaba una información publicada en la edición local de La Voz el 13 de mayo de 1999. La loque americana es una enfermedad causada por el bacilo Paenibacillus larvae que afecta únicamente a las larvas de abeja y está considerada como una de las más importantes en la apicultura.

Según la noticia publicada en este diario hace 25 años, varios apicultores del municipio de Sober fueron los primeros en alertar sobre la «inusual intensidad» con que la loque americana estaba atacando las colmenas aquella primavera. La información citaba el caso de Eduardo Álvarez, un productor que acababa de detectar la infección en sus panales gracias al aviso de un vecino también dedicado a la apicultura. La loque americana —añadía la noticia— «se ha cebado en sus abejas precisamente en el peor momento, en pleno proceso de regularización de su explotación».

Varias docenas de colmenas de Sober y otros municipios de la comarca de Lemos, decía asimismo la noticia, «tienen ejemplares enfermos y en la mayor parte de los casos todavía no los han detectado». La Voz recogía también unas declaraciones de Jesús Asorey, secretario técnico de la Asociación Galega de Apicultura (AGA), quien aconsejaba a todos los apicultores a comprobar si sus colmenas estaban afectadas. «É importante detectar a enfermidade e poñerlle remedio canto antes para evitar males maiores», decía a este respecto. Según la experiencia de años anteriores, los responsables de esta entidad calculaban que la loque americana era responsable de la pérdida de entre un 30% y un 40% de la cosecha de miel de las últimas campañas.

Una vez introducida en la colmena, señalaba por otro lado la información de este diario, esta plaga echa a perder como mínimo el 50% de la producción posible. «Se se colle a tempo —advertía Jesús Asorey, «é posible lograr que só merme a produción». Por su parte, el apicultor Eduardo Álvarez lamentaba que la enfermedad hubiese aparecido precisamente en el momento en que se empezaba a cosechar la primera miel, que no sirve para el consumo humano, pero nutre las larvas de abeja.

Ayudas oficiales

Los apicultores de Sober afectados por la loque y asociados a la AGA estaban por otra parte a la espera de la visita de un veterinario contratado por la Xunta para atender estos casos. El denominado plan gallego de apicultura, pactado entre el Gobierno gallego y las asociaciones del sector, preveía ayudas para las explotaciones atacadas por esta plaga. «El material con el que [los apicultores de la comarca] deberán desinfectar y tratar sus colmenas durante las próximas semanas para evitar nuevos contagios podrán comprarlo con subvenciones», agregaba la noticia.

13-05-1999

Un problema que se atribuyó a los fuertes cambios de temperatura del invierno

El origen del brote de loque americana detectado en Sober en mayo de 1999, según la Asociación Galega de Apicultura, podría haberse debido a los «cambios de temperatura fortes» que se habían registrado durante el anterior invierno. Estos cambios, apuntaba Julio Asorey, pudieron contribuir a «baixar as defensas das abellas e, polo tanto, a facelas máis vulnerables». Los apicultores expertos —apuntaba la noticia de La Voz— eran conscientes de que «controlar la loque es poco menos que una tarea imposible porque las abejas son animales que acostumbran a hacer incursiones en colmenas distintas a la suya». Ante esta situación, el único remedio parecía la desinfección de todas las zonas afectadas.

Por otra parte, desde la Asociación Galega de Apicultores apuntaban que el capítulo sanitario del plan específico que la Xunta había puesto en marcha para el sector constituía un paso adelante en el control de este tipo de plagas, pero a la vez reclamaban más medidas. Una de ellas era la creación de una red de avisos como las que ya funcionaban por entonces en otros países. «Trataríase de habilitar a varios apicultores expertos para que avisen inmediatamente da aparición de enfermidades, de xeito que se poida actuar dunha forma coordinada», explicaba Asorey. Desde 1998, cada provincia gallega contaba con un veterinario para atender los brotes epidémicos denunciados por los apicultores.