El último barco de dornas de la Ribeira Sacra sale del olvido al cabo de 62 años

Un ejemplar original de esta embarcación tradicional, el único que se conserva íntegro en Galicia, fue hallado en una vivienda del municipio de Pantón y se expondrá en el ecomuseo del Pazo de Arxeriz

La barca consiste principalmente en dos grandes flotadores hechos de troncos ahuecados de castaño
La barca consiste principalmente en dos grandes flotadores hechos de troncos ahuecados de castaño

El ecomuseo Pazo de Arxeriz —en el municipio de O Saviñao— acaba de incorporar a sus fondos el único ejemplar conservado en la Ribeira Sacra de un barco de dornas, una embarcación fluvial tradicional desaparecida a mediados del siglo pasado que fue utilizada en tiempos en diversas partes de Galicia. El barco fue encontrado en una casa particular del municipio de Pantón, junto a la desembocadura del río Cabe en el Sil. Según la información conseguida por el museo, la embarcación fue construida en 1945 y utilizada para pescar en el Sil por su propietario, un vecino de la localidad de A Barca de Santo Estevo. En 1959, el barco dejó de prestar este servicio cuando la construcción de la presa hidroeléctrica de San Pedro alteró el río. Desde entonces estuvo guardado en los bajos de la casa de sus propietarios.

El barco de dornas recibe su nombre por el hecho de estar formado por dos troncos de castaño ahuecados —llamados dornas o dornos— que sirven como flotadores. «Trátase dun tipo de embarcación cunha orixe ancestral, polivalente, universal e con especial dedicación á pesca fluvial, servindo para outras labouras e servizos propios da ribeira», señalan desde la fundación Xosé Soto de Fión, que gestiona el ecomuseo de Arxeriz. Los últimos ejemplares en activo que hubo en Galicia —añaden— navegaron por la zona de confluencia del Miño y el Sil.

El ecomuseo de Arxeriz construyó hace años una réplica de un barco de dornas, al igual que una asociación local dedicada a la cultura fluvial tradicional. «Pero esas reproducións foron feitas a partir de antigas fotografías e debuxos, porque por entón non logramos encontrar ningún exemplar orixinal», explica José Antonio Quiroga, director del museo, quien señala por otro lado el buen estado de conservación en que se halla la antigua embarcación. «Os dornos ou flotadores de tronco de castiñeiro están moi ben e o que se encontra máis deteriorado é o piso da embarcación, que estaba feito de táboas de piñeiro», añade. Esta parte de la estructura será reconstruida siguiendo el modelo original. «Ademais diso, a restauración que lle vai facer será moi suave e consistirá sobre todo en darlle unha limpeza», dice asimismo Quiroga.

El ecomuseo de Arxeriz tiene previsto exponer el barco de dornas en su sala dedicada a la cultura fluvial de la Ribeira Sacra, lo que hará en el plazo aproximado de un mes. La embarcación mide 3,20 metros de largo por 1,70 de ancho. Los remos, que también se conservan, miden 3,60 metros y están hechos igualmente de madera de castaño.

 El barco del ecomuseo de Arxeriz es el único ejemplar original de este tipo de embarcación que se ha conservado prácticamente íntegro en toda Galicia. El Museo Etnolóxico de Ribadavia posee otro, pero lo que se conserva de él se reduce a un solo dorno o flotador. «O que temos é practicamente unha peza única e a partir de agora poderá servir de modelo para reproducir esta embarcación sen ter que recorrer a fotografías ou debuxos», dice el director del centro.

El hallazgo de la embarcación no se produjo dentro de una búsqueda deliberada, ya que los responsables del museo no tenían esperanza de encontrar ninguna. Fue un descubrimiento casual y lo hizo el fotógrafo aficionado Agustín Ruzafa, vecino de Santiago, que visitó la localidad de A Barca y que tomó algunas imágenes del barco dentro del bajo de una casa. «Fui a ese lugar para hacer fotografías de los antiguos silos de cemento que hay allí y cuando vi la barca me llamó muchísimo la atención, aunque no sabía lo que era», dice. «Me parecían canoas del Amazonas o de Asia y no sabía qué podrían hacer allí», añade.

Para tratar de averiguar qué podía ser esa embarcación, Ruzafa contactó con el escritor y profesor universitario Manuel Gago, quien le aconsejó dirigirse al ecomuseo de Arxeriz. Gracias a las fotografías y a las indicaciones proporcionadas por Agustín Ruzafa, los responsables del museo consiguieron localizar la casa en la que se encontraba la embarcación y contactar con su último propietario, un hijo del vecino que la utilizó para pescar hasta 1959. «No sabía la importancia que tenían estas embarcaciones en la historia de la Ribeira Sacra y me alegro mucho de haber ayudado a recuperarlas», afirma.

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