Así se salvó el Cristo de la Colada, de gran devoción en Monforte

felipe aira MONFORTE

MONFORTE DE LEMOS

Imagen del Cristo de la Colada, que salió de Monforte en el siglo XIX y que ahora se custodia en Sevilla
Imagen del Cristo de la Colada, que salió de Monforte en el siglo XIX y que ahora se custodia en Sevilla archivo F. Aira

La talla localizada en Sevilla sobrevivió a las incursiones de los franceses y al derribo del convento en el que se custodiaba tras la Desamortización

16 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando realizamos nuestro trabajo de investigación sobre la presencia judía y conversa monfortina, conseguimos datos concluyentes para delimitar la zona que denominamos de ámbito judío siguiendo la documentación histórica localizada en diversos archivos públicos y privados. Entre las familias judías que vivían en Monforte de Lemos con anterioridad al edicto de expulsión del año 1492, constan en los documentos de la época Moshe Judío, año 1449; Esther la Judía, con casa en la calle de la Zapatería, año 1453; Manuel y su mujer Ludica los Judíos, con casa en la calle de la Herrería, año 1474; Boaventura Judía, con casa sobre la Carnicería, año 1488; o Ventura Judía, con casa en la Plaza del Açouge, año 1492. Previamente, teníamos constancia de solo una referencia a judíos viviendo en la población, Isaac Chamizo Judío, con casa en la Rúa Nova.

Tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos, se abre otro nuevo capítulo para las familias de judíos descendientes de los que habían vivido libremente su religión que deciden quedarse y bautizarse. Muchos fueron luego perseguidos sistemáticamente por la Inquisición. De esa etapa viene la tradición del Cristo de la Colada, cuya imagen hemos podido localizar finalmente tras muchos años de investigación.

El convento franciscano de San Antonio, donde se custodiaba esta talla, comienza a levantarse en el año 1503, bajo el mecenazgo de Rodrigo Enríquez de Castro y Osorio, segundo conde de Lemos, y de su hija Beatriz de Castro, tercera condesa de Lemos. El edificio consigue un importante apoyo del cardenal Rodrigo de Castro para rematar partes importantes de su obra y fábrica. El milagroso Cristo de la Colada, una sobresaliente pieza artística que se encuadra en el Renacimiento, fue llevado a las dependencias del cenobio religioso tras ser sometido a un escarnio por parte de una mujer judía, según los cronistas franciscanos.

Una crónica de 1722

No sabemos concretar si esta parte de su narración hace referencia al momento en que todavía era posible vivir libremente la fe judía o si se produce con posterioridad al año 1492. Nos inclinamos por pensar que fue en tiempos en los que la sinagoga no era legal, ni tampoco las prácticas judaicas. La protagonista sería una judeoconversa monfortina que en su intimidad continuaba fiel a la ley mosaica.

Una de las crónicas que se refieren al Santísimo Cristo de la Colada es autoría de fray Jacobo de Castro. Corría el año 1722 cuando este cronista de la orden franciscana deja memoria de la existencia de varias piezas guardadas con especial veneración y en el cenobio franciscano de San Antonio. Unas era el Cristo de la Colada. «En la Sacristía y Celda de los Padres Guardianes, hay dos Efigies de Cristo Crucificado contra quienes la insaciable rabia y ciega protervidad de los Judíos, no se dio por vencida a vista», escribe el monje

«Es tradición -detalla en su crónica de 1722- que una vil mujer Judía la entró en una caldera de colada que estaba hirviendo, deseando su infernal malicia por este medio borrar la hermosura de la imagen del verdadero Mesías que su ceguedad no había creído. Por más que sudó y afanó la proterva mujer en sepultar en lo profundo de la caldera la imagen, esta se subía a la superficie de la colada. No se ejecutó esta execrable maldad con tanta cautela, que no se hiciese pública; y averiguada, fue presa y castigada la mujer por el Santo Oficio y la imagen puesta en la Sacristía de nuestro Convento. Sucede con esta Santísima imagen una cosa bien portentosa y es que siendo fácil abrirse la caja en que está cerrada y colocada , no es posible abrirse por más vueltas que se den a la llave, si dentro de la sacristía hay algún Judío».

Lo habitual era que este tipo de acusaciones de herejía hiciesen alusión a profanaciones de crucifijos, como en nuestro caso, o de imágenes de la Virgen. El fin de estas historias era el castigo del judío o judíos profanadores y la consecución de un efecto persuasivo sobre sus compañeros. Se perseguía hacer propaganda de los dogmas fundamentales del cristianismo, estimulando a los fieles a conductas emotivas frente a la agresión a los símbolos de su fe. Avivar el antijudaísmo pasaba por poner en evidencia el secretismo e intimidades de sus vidas, conectándolas incluso con rituales de hechicería y magia.

Pasados los años la veneración por la pieza del Cristo de la Colada no decae y a finales del siglo XVIII seguía vigente entre la sociedad monfortina. Hemos localizado documentación que lo acredita. Por ejemplo, un escrito correspondiente al año 1785, en el que se hace donación de «un cuarterón de cera para el Santísimo Cristo de la Colada sito en el convento franciscano».