Pioneros del comercio e ilustres monfortinos


El comercio monfortino generó tradicionalmente una importante actividad económica gracias a aquellos pioneros que a base de tesón y de buen hacer se establecieron a lo largo y ancho del pueblo. En cada calle o barrio se podía encontrar todo lo necesario para atender las necesidades de la vecindad. La compra había que hacerla a diario y el censo de población que tenía Monforte a mediados del siglo pasado daba mucho más juego que el actual.

La señorial calle de La Coruña contaba por entonces con treinta y tres establecimientos abiertos, entre ellos tres peluquerías de señora, tres entidades bancarias y una estafeta de Correos. Monforte se daba el lujo de tener dos estafetas de Correos, cosa que no sucedía en otras ciudades españolas, incluidas capitales de provincia. Como pasó con el censo de vecinos, la actividad de esa calle antaño pujante ha menguado y hoy apenas cuenta con cinco establecimientos.

Los empresarios de entonces, amparados por las concurridas ferias y mercados que acordamos algunos, mantenían en primera línea un comercio que era la referencia en muchos kilómetros a la redonda.

La jubilación de los dueños que no dejaban sucesión ni traspaso fue un gran revés en muchos casos. Los letreros de «se vende», «se traspasa» o «cerrado» comenzaron a colgar de locales que antes eran un ir y venir de gente. La llegada de la confección, los plásticos y, más recientemente, la competencia de las áreas comerciales, fue un varapalo para los supervivientes del pequeño comercio monfortino, que fue desmoronándose poco a poco y ahora se resiste a desaparecer.

Antigua chapa de publicidad que aún se conserva en una ferretería de Monforte
Antigua chapa de publicidad que aún se conserva en una ferretería de Monforte

A bote pronto, me vienen a la memoria nombres de otros tiempos como Marycielo, Almacenes Santiago, Casa Valentín, Anxeliña, La Pimienta, Casa Luis, Arango, La Ganga, Almacenes Quiroga, La Bulla, Anacleto, Eutimio, El Cielo, Almacenes Lemos, Zubi, Bazar Pepe, Gráficas San Antonio, Camariñas, Amancio, Chomo, Julio, Salgado, Rodríguez, Espinosa, Longinos, Belso, Balado, Eladio Franjo, Moreiras, Lumar, Rosendo, Llamazares, Bodegas, Kusqui, Músico, Aira, Luybe, Sirenita, Fierro, Ferroviaria, Emilio Franjo, Vda. de Luis Franjo, Pin, Pun, Cao, Televox, Pombo, La Camerana o el socorrido economato RENFE. Posiblemente me quede alguno en el tintero y por ello pido perdón de antemano.

A todos estos locales históricos y a sus respectivos dependientes, que se pasaron toda la vida detrás del mostrador atendiendo a los monfortinos, les quiero dedicar este recuerdo. A los que están y a los que ya se han ido. Pese a no tener títulos nobiliarios, bien merecerían que se les dedicase un segundo volumen de Los hidalgos de Monforte. Como yo, muchos los recordaremos siempre como ilustres monfortinos.

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