«Seguiremos haciendo viseras aunque después haya que tirarlas»

Varios voluntarios del sur lucense fabrican pantallas faciales con impresoras 3d

Maykell Dos Santos entrega a la Policía Nacional viseras fabricadas con su impresora
Maykell Dos Santos entrega a la Policía Nacional viseras fabricadas con su impresora

monforte / la voz

Para suplir la escasez de equipos protectores contra posibles contagios por coronavirus, varios voluntarios del sur lucense están haciendo funcionar sus impresoras en tres dimensiones para fabricar pantallas faciales y repartirlas gratuitamente entre el personal sanitario y los trabajadores de otros sectores que están más expuestos. A los casos de José Pino -profesor del instituto monfortino A Pinguela que utiliza una impresora perteneciente a este centro educativo- y Héctor Suárez, vecino de Sober, se suma el de Maykell Dos Santos Rodríguez, responsable de un establecimiento de informática de Monforte que ha dejado temporalmente su ocupación profesional para dedicar todo el tiempo a fabricar viseras.

Para Dos Santos, trabajar con impresoras 3d es parte de la labor habitual, puesto que es técnico de montaje y reparación de este tipo de máquinas. «Me animó mi mujer y enseguida me puse a reparar la impresora, porque la tenía averiada», explica. El aparato está en su vivienda, ya que Dos Santos optó cerrar su comercio mientras dure el período de confinamiento. «Podríamos seguir abriendo porque es un establecimiento de los considerados esenciales -señala el propietario-, pero decidimos cerrarlo para que haya menos circulación de clientes y ayudar a reducir un poco el riesgo de contagios».

La impresora de Maykell Dos Santos ha estado funcionando incesantemente desde que se declaró la alarma sanitaria y desde entonces ha fabricado más de cuarenta piezas. «Tardo más o menos una hora y cuarenta minutos en fabricar un par de viseras y estoy en esto todo el día», señala. Por el momento no tiene problemas de abastecimiento de materia prima. «Me traje todo el filamento que tenía en la tienda, entre cuatro y cinco kilos, y tengo también muchas pantallas de acetato, aunque estas últimas son cada vez más difíciles de conseguir», apunta el técnico.

La intención de Dos Santos seguir fabricando viseras protectoras «mientras la impresora lo permita». Los demás voluntarios que conoce trabajan actualmente en este mismo terreno -dice asimismo- muestran la misma voluntad. «Estoy en contacto con gente como José Pino y con voluntarios de otros lugares, como Cangas do Morrazo, Lalín o Barcelona, y todos estamos dispuestos a seguir fabricando todas las viseras que haga falta, aunque al final acaben sobrando y las haya que tirar», afirma. «Los que trabajamos en sitios como Monforte y Sober, además, queremos que estos materiales lleguen en primer lugar a nuestro entorno más inmediato y después ya se harán más para otros lugares si hace falta», añade. A juicio de Dos Santos, en una situación como la actual «lo mejor es que se puede hacer es que cada uno se esfuerce por aportar todo lo que pueda a la lucha contra la pandemia y no intentar buscar politiqueos ni colgarse medallas».

En Monforte y Sober hay varias máquinas trabajando de forma constante

«Ya sabemos que no protegen al 100%, pero es mejor que no ponerse nada»

Las viseras protectoras que salen de la impresora de Maykell Dos Santos son del mismo modelo que las que fabrica el profesor José Pino. La que elabora Héctor Suárez en Sober, en cambio, son de un modelo algo diferente. Ninguna de ellas está homologada por las autoridades sanitarias. Pero en opinión de Dos Santos, lo menos importante es la tipología o la homologación oficial de las pantallas faciales. «Ya sabemos que no son protectoras al 100%, pero en todo caso ofrecen una protección extra y aportan algo más de tranquilidad a quienes las llevan puestas», dice a este respecto.

En opinión del técnico, por otro lado, «en una situación de escasez de equipos protectores como la que estamos viviendo, las autoridades sanitarias no deberían andar poniendo condiciones muy estrictas y trabas burocráticas para conceder una homologación oficial a estas piezas, porque están haciendo mucha falta y los voluntarios que se dedican a fabricarlas lo hacen lo mejor que pueden». Utilizar viseras no homologadas -agrega- «siempre será mejor que no ponerse nada y en una situación de necesidad hay que echar mano de lo que se pueda».

Las viseras que fabrica Dos Santos han sido entregadas a la Policía Nacional, a la Guardia Civil y a la residencia geriátrica de la calle Morín, aunque el fabricante no sabe con certeza quién las está utilizando. «No sé si los miembros de los cuerpos de seguridad pueden emplearlas, porque no están homologadas, pero en todo caso las pueden repartir entre quienes las necesiten», dice por otra parte.

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«Seguiremos haciendo viseras aunque después haya que tirarlas»