Monforte, cerrado a finales del siglo XVI por la peste y una «epidemia de catarro»

Las autoridades locales recurrieron a algunas personas influyentes para sufragar el tapiado de calles y caminos

El símbolo de la tau, en la foto bajo una ventana del torreón de la cárcel vieja, era un amuleto contra la peste
El símbolo de la tau, en la foto bajo una ventana del torreón de la cárcel vieja, era un amuleto contra la peste

monforte

En las investigaciones para la realización de diversos estudios sobre la historia local encontré un documento municipal que revela cómo en el año 1598 las autoridades monfortinas ordenan cerrar la villa para que en la población y su arrabaldo no entrase persona alguna procedente de los pueblos infectados por la peste. En el libro Judíos y conversos de Monforte de Lemos menciono ese escrito, hasta entonces inédito. El documento tiene un valor añadido, ya que fue ese año y por dicha peste cuando se funda el voto de bendición de los campos que sobrevive en la actualidad. En aquel momento, la ceremonia se realiza en la desaparecida ermita de Nuestra Señora de los Campos, levantada por el ayuntamiento en 1579 previa autorización del monasterio benedictino de San Vicente do Pino.

El aislamiento de la población frente a la peste no resultó tarea sencilla. «En la villa de Monforte de lemos a catorce dias del mes de julio del nobenta y ocho años, el licenciado Ruy gomez corregidor desta villa dixo que por quanto las puertas de esta villa y los postillos de la cerca en las partes que estan caidas y la puerta de nuevo se hiço en la puente y otras que estan en Santo antonio estan mal hechas y todo tiene necesidad de repararse de nuevo y de cerrarse del todo algunos caminos para guardedela peste y que no entren en estadha villa y suarrabaldo persona ninguna de los pueblos inpcionados», recoge textualmente el escrito municipal.

La falta de fondos empujó a las autoridades locales a solicitar ayuda económica a algunas personas influyentes de la época. El corregidor manda que se notifique «a Cristóbal de Gaibor y Pedro de Leon y a Pedro Rodríguez deestrada y Juan Bazquez platero becinos del arrabal que cada uno dellos preste para el dho efecto cinco ducados los quales se les volverán luego que haya dineros de los dhos propios y no los habiendo se darahorden como les sean pagados lo más brevemente que se pueda y todo lo sobredho se entregue a Juº deespinosa regidor y guardamayor desta dha villa».

Faltaban dineros

El estado de las puertas y postigos de la muralla era, según queda de manifiesto, deficiente. Algunas de las existentes estaban mal hechas y se hace necesario además cerrar los caminos. Ante la «falta de dineros» en el ayuntamiento para llevar a cabo estas medidas, se apela a Cristóbal de Gaibor, Pedro de León, Pedro Rodríguez de Estrada y Juan Vázquez, todos vecinos del arrabal monfortino, para que presten cinco ducados. Esa cantidad le sería devuelta «lo antes posible».

El dinero era preciso, indica del documento, para «çerrar con sus tapias altas de madera que no pueda entrar por ellas persona ninguna». «Y las dhas puertas que están en la puente -prosigue el texto- y hacia sant antonio las ponga con sus llabes y cerraduras de manera que sin horden de la guarda no puedan entrar de dia ni de noche persona ninguna y haga que se haga una puerta en el camino que va para el colegio de la compañía y ayuda a lo mas que le pareçiere necesario para la guarda desta villa y arrabal». El escrito lleva la firma del licenciado Ruy Gómez, asistido por el escribano Antonio Felpeto.

Cristóbal de Gaibor y Pedro de León eran judeoconversos emparentados por lazos de sangre, ambos de familias monfortinas perseguidas por los inquisidores. Pedro Rodríguez de Estrada, era hijo de Gonzalo de Estrada, hidalgo notorio, alcalde y regidor de la villa, y Juan Vázquez pertenecía a una familia de plateros monfortinos. El licenciado Ruy Gómez era el hombre de confianza del séptimo conde de Lemos, que le había designado para el cargo de corregidor. Antonio Felpeto, citado en otros textos como Antonio de Fonseca, era judeoconverso y fue, acusado de «judaizante» a comienzos del siglo XVII.

Los veinte ducados eran el coste estimado del cierre de las puertas y postigos de la villa y las levantadas en los caminos y el actual puente viejo. Sin orden de la guardia, no podría entrar de día ni de noche persona alguna. Se mandaba hacer además una puerta en el camino que va a la Compañía, siendo este camino, la actual calle del Cardenal. Las obras del Colegio de la Compañía se habían iniciado en el año 1593.

Las puertas «hacia San Antonio» eran de mucho tránsito. Allí se encontraba el puente de los pelambres, como se conocía en medievo el puente viejo. Era la única forma de atravesar el Cabe para acceder a los barrios de Remberde, As Cortes, San Antonio, Cobas, Abeledos o Fabeiro. Por esta vía del arrabaldo monfortino también transitaban los peregrinos a Santiago. Llama la atención, por otra parte, la cantidad de judeoconversos, muchos procesados por los inquisidores, que entre la segunda parte del siglo XVI y el siglo XVII ocuparon los más importantes cargos dentro de la sociedad monfortina.

Culpables de «judaizar»

Años antes de la peste, el doctor Diego de Alba, junto con su secretario Juan Martínez de Mallea, y el alguacil Jacome Rodríguez Portero, visitan Galicia como representantes de la Inquisición. Tras pasar por Melide y Lugo, el 5 de octubre de 1580 se dirigen a Monforte. «Adollegamos a siete del dho mes y allando toda la villa enferma del catarro y que en ella no se podia exercer el officio pasamos para tierra de Viana del bollo en onze del dho mes de otubre cayendo todos en cama de la misma enfermedad», detalla una crónica de su viaje. Informados de que en Monforte mejorara la situación, regresan allí el 27 de octubre, antes de dirigirse a Santiago.

Los acusados por estos inquisidores lo eran por «delitos» diversos. Había judeoconversos culpables de «judaizar» y casados por partida doble. También aparecen causas por «actos y palabras heréticas y mal sonantes», y por la actividad de «brujas, hechiceras y adivinadores». En los escritos de la época aparecen procesos como el de un inculpado que «almorzó empanada el día de Pascua y después comulgó».

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