El San Blas resiste la mudanza

Cientos de personas abarrotaron la iglesia de A Régoa este lunes para cumplir con una de las tradiciones religiosas con más arraigo de Monforte


Monforte

No cabía un alfiler este lunes por la mañana en la iglesia de A Régoa. Era la primera misa de San Blas que se oficiaba fuera de la iglesia de San Vicente, cerrada por obras desde hace meses, y había cierta incertidumbre por saber si la mudanza a la parroquia de A Régoa le podía pasar factura a una de las fiestas religiosas con más arraigo en Monforte. No fue así. Cientos de fieles abarrotaron la iglesia situada en las faltas del monte de San Vicente para presenciar la misa principal del día, la de la bendición de las cintas y las roscas que la tradición religiosa dice que son buenas para evitar los males de garganta.

Desde las ocho de la mañana, la Policía Local de Monforte cortó el paso de vehículos hasta el atrio de A Régoa. Agentes de este cuerpo cortaron además a las diez y media el tráfico entre el atrio y la calle Doutor Casares por la Costa da Pena. La gente fue llegando de forma progresiva a la iglesia y la mayor parte lo hicieron andando desde la plaza Doutor Goyanes y la cuesta de Santo Domingo. Los que subieron en coche tuvieron que dejarlo en el tramo superior de la calle Santo Domingo, entre la puerta de la Alcazaba y el Campo da Virxe, y también en la subida a San Vicente.

La iglesia a reventar

La misa central empezó a las once de la mañana, con la iglesia llenar a reventar y muchos fieles fuera, junto a las dos puertas de acceso al templo. La mayoría iban bien cargadas de cintas de colores y con bolsas de rosquillas, las que dice la costumbre que hay que levantar cuando el párroco hace la bendición para que funcionen como remedio para las dolencias de garganta.

La misa la dirigió el cura de A Régoa y arcipreste de Monforte, Rafael Mella, ayudado por otros dos sacerdotes de la zona. Junto a ellos, decenas de estudiantes del colegio Torre de Lemos ocupaban toda la zona próxima al altar. Sus profesores quisieron aprovechar que el San Blas se celebraba esta vez justo al lado de su colegio para que los chavales tuviesen una participación activa en una de las tradiciones religiosas de más arraigo en la ciudad.

Una procesión con estudiantes

El oficio religioso se celebró con la imagen de San Blas en un lugar destacado. Al terminar la misa, muchos se acercaron a la talla para pasar alrededor de su cabeza las cintas que llevaban, mientras el párroco rociaba con agua bendita a la concurrencia y a sus roscas.

Una vez terminado el oficio religiosos, un grupo de estudiantes de los que habían seguido la misa desde la parte frontal de la iglesia sacaron en procesión la imagen de San Blas. Hicieron un breve recorrido por el atrio y, con alguno de los asistentes a la misa todavía dentro, volvieron a introducirla en el templo. A la misa asistieron el alcalde José Tomé y diferentes concejales del Gobierno local.

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