«Llevo un marcapasos, me encanta que el bus sea gratis»

Monforte duplica el número de usuarios de su transporte público el primer día sin venta de billetes


Monforte

«Xa está? No hai que facer nada, non?». Edita López acaba de subir al autobús urbano de Monforte en la parada de O Morín, una travesía de dos kilómetros de largo en el extremo norte del casco urbano de Monforte. Si le pregunta al conductor es porque se le hace raro no pagar el billete. El bus es gratis desde ayer.

Sin autobús, Edita López tendría que caminar a sus 74 años durante veinte o treinta minutos desde su casa para llegar al centro de Monforte, una localidad de algo menos de 20.000 habitantes, pero con un casco urbano de longitudes considerables para recorrer a pie. Monforte tiene este servicio desde principios de los años setenta. Sus usuarios tradicionales fueron siempre los pensionistas que viven en los barrios más alejados del centro y últimamente también los estudiantes, porque sus horarios están coordinado con los colegios públicos.

Lo que se deja de recaudar

El Ayuntamiento vendía unos 5.000 billetes anuales, a 90 céntimos con la tarifa normal o 60 la de jubilados y estudiantes, y recaudaba aproximadamente 7.000 euros anuales. En el Ayuntamiento echaron cuentas y decidieron que el coste financiero de hacerlo gratuito para todo el mundo era asumible. El contrato con la empesa que prestaba el servicio llevaba catorce años pendiente de renovación, así que aprovecharon la ocasión para hacerlo gratuito y modernizar el servicio con un vehículo moderno, con wifi y app propia . «Tendo en conta as pensións que se cobran aquí, que o bus sexa gratuíto pode ser unha axuda máis importante do que parece para calquera xubilado», argumenta el alcalde, el socialista José Tomé.

Manuela Álvarez, una de las usuarias habituales del bus urbano, se baja ayer en su parada de Ribas Altas
Manuela Álvarez, una de las usuarias habituales del bus urbano, se baja ayer en su parada de Ribas Altas

Y aunque no sean jubilados también. Manuela Álvarez tiene 33 años y lo usa prácticamente a diario. Vive en Ribas Altas, aún más lejos del centro que O Morín, no conduce y a su salud no le convienen los maratones. «Llevo un marcapasos —cuenta—, es fácil imaginar que me encanta que el bus sea gratis».

Como era de esperar, el primer día de la gratuidad hubo más viajeros que nunca en mucho tiempo. Entre las ocho de la mañana y la una de la tarde había sumado más de un centenar de usuarios, el doble de lo habitual en los últimos tiempos.

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