Un 3% de los titulares de las fincas que cruza el canal utilizan el agua

La comunidad de regantes fija prioridades para mantener activa una parte de la red


MONFORTE / la voz

La comunidad del regadío Val de Lemos celebra el domingo su asamblea anual. Un paso más en el ejercicio de supervivencia en el que está inmersa desde el año 2002, cuando una drástica subida de las tasas a las que están sometidas las tierras que atraviesa empujó a los propietarios a la insumisión fiscal. La Asociación para o Desenvolvemento do Regadío do Val de Lemos sigue en la brecha pese a las sombras que sobrevuelan su continuidad. «O canal está a dar os últimos coletazos», dice la presidenta, Alicia Toirán. Parecen haber ganado la batalla frente a la burocracia, pero dan por perdida la guerra contra el abandono del campo. Las cifras cantan: de casi siete mil propietarios contabilizados en la zona de dominio del canal solo 190 solicitan el uso del agua.

La asamblea de la comunidad de regantes que tendrá lugar en la escuela de capataces servirá para establecer un orden de prioridades en los arreglos más urgentes que precisa la red de distribución que se abastece del embalse de Vilasouto, construido para ese fin en el municipio de O Incio en 1969. La Confederación Hidrográfica del Miño-Sil contrató a una brigada que en principio asumirá estos trabajos hasta junio del año 2021. Las reparaciones se llevarán a cabo únicamente en los tramos del canal donde aún existe demanda de agua. Lo contrario, apunta Alicia Toirán, supondría «perder o tempo e os cartos».

El retroceso del riego en esta zona viene de lejos. Un estudio de la Universidade de Santiago publicado en el 2007 alertaba de esta circunstancia, que achacaba «a la estructura de la propiedad y la escasa dimensión de las explotaciones». «Hoxe hai máis concienciación e organización, pero cada vez somos menos. O problema do despoboamento do campo nótase cada vez máis», señala la presidenta de los regantes, doce años después de la publicación de aquel informe.

Agricultura poco competitiva

La última actualización de datos cifra en alrededor de siete mil los propietarios de fincas situadas en el área de dominio del canal a su paso por los municipios de Bóveda, A Pobra do Brollón, Monforte, Pantón y Sober. Muchos son herederos que no residen en la zona ni tienen intención de explotar esos terrenos. Para los que aún están dispuestos a ello, el panorama no parece muy halagüeño. «Aquí a agricultura está en malas condicións para poder ser competitiva», opina Alicia Toirán.

Entre los 190 solicitantes de riego de la última campaña figuran ganaderos que precisan el agua para praderías y fincas destinadas a forraje. Pero también hay un buen número de jubilados que riegan huertas destinadas a autoconsumo. Sin ese tipo de usuarios, sería muy complicado mantener en funcionamiento el regadío. «Así podemos aguantar catro ou cinco anos máis, pero a partir de aí vai ser moi difícil seguir», afirma la presidenta de la asociación.

Chalés en las mejores tierras y pinos y chopos para conseguir rentabilidad

El proyecto del regadío Val de Lemos no nació con buen pie. Del proyecto ya se hablaba cuando Alfonso XII inauguró la estación de tren de Monforte en 1883. Sin embargo, hubo que esperar al período republicano para que el canal tomase cuerpo en los planes del Gobierno. Finalizada la guerra civil, volvió a dar señales de vida y en 1958 las obras estaban en marcha. Su ejecución no fue todo lo rigurosa que debiera y pronto empezó a dar problemas. «Do regadío Val de Lemos fálase va para quince anos e aínda non rega nada», denunciaba en La Voz en el año 1971 el notario y escritor Luis Moure Mariño.

El Plan Hidrológico Nacional ponía el foco en 1997 en las carencias del regadío. Al escaso desarrollo de la agricultura y la ganadería se sumaba «la anarquía en la construcción», que había convertido en solares edificables las mejores fincas rústicas. En ese contexto, la Confederación Hidrográfica del Norte consideraba «acertado» que se buscase rentabilidad en los terrenos del regadío menos fértiles con la plantación de pinos y chopos.

Plan piloto en Bóveda

A comienzos del pasado año, la Xunta dio a conocer un plan piloto en el municipio de Bóveda mediante el que se ofertaban 160 hectáreas a jóvenes agricultores y ganaderos para que pudiesen explotar en régimen de alquiler parcelas con superficies mínimamente competitivas. La idea era extender paulatinamente esta experiencia -en la que colaboran la Universidade de Santiago y la Fundación Juana de Vega- a los restantes municipios por los que discurre el canal.

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