La inauguración de la estación por Alfonso XII en 1883 dio paso a una época de expansión del casco urbano
06 may 2019 . Actualizado a las 17:55 h.El 1 de septiembre del año 1883 se inaugura la estación de ferrocarril de Monforte de Lemos. A la apertura oficial de la línea férrea Madrid-A Coruña en la estación monfortina asiste el propio monarca Alfonso XII. Dos años después de aquel acontecimiento, se le concede a Monforte el título de ciudad. «Queriendo dar una prueba de mi Real aprecio de la Villa de Monforte, provincia de Lugo, por el aumento de su población, progreso de su industria y comercio y su constante adhesión a la Monarquía Constitucional. Vengo en concederle el título de Ciudad», señalaba el real decreto.
Nace entonces un nuevo y pujante barrio al amparo de la estación de ferrocarril. Las calles del Progreso -luego A Coruña-, Alfonso XIII -Concepción Arenal-, Ascensión -Rosalía de Castro- y Carretera Nueva -Calvo Sotelo- comenzaban a tomar cuerpo. En los años posteriores, se le irán sumando otras nacidas también al amparo del auge del ferrocarril en el área de influencia de la estación.
El crecimiento que se produjo desde el año 1883 queda reflejado en los debates plenarios para poner nombre a estas nuevas calles. En 1886, el Ayuntamiento adopta las denominaciones antes referidas. Al tratar sobre la que llevaría el nombre de Alfonso XIII, surgieron algunas discrepancias porque la zona apenas estaba habitada.
Solo tres casas
El nombre del nuevo monarca -Alfonso XII había fallecido en noviembre de 1885- era el elegido para el vial que enlazaba la entonces llamada calle de San Pedro [actual Doctor Casares] y la plaza de la Estación. Los señores Sánchez, Álvarez, Guitián, Quiroga, Fernández, Díaz y González Iglesias objetaban «que no debe de ponerse tal nombre por ser de muy poca importancia pues no hay más de tres casas construidas en ambos lados». Solo seis años después de aquel pleno, la situación era muy diferente.
«Pasando el puente y guiando a la izquierda esta la calle de los Herradores y siguiendo la de S. Pedro o sea la carretera que conduce a Lugo ya en ella encontramos a la derecha la calle de Alfonso XIII, formada toda ella de edificios de solidez y hermosa construcción y más adelante se encuentra el viajero la estación de los ferrocarriles del Norte y de esta ciudad a Vigo», escribe Ricardo Rodríguez Vilariño en su libro Monforte, sus monumentos, leyendas y tradiciones, de 1892.
«Toda esta parte de la ciudad -prosigue el escritor- fue edificada después de la inauguración de ambos ferrocarriles. La estación de esta ciudad es de segundo orden; el edificio es de regulares dimensiones, pero raquítico para el gran movimiento que hay constantemente, efecto de estar destinado al servicio de ambos ferrocarriles».
El ferrocarril mantenía 1.500 empleos directos hace setenta años
La llegada del ferrocarril supuso para Monforte una transformación radical a nivel urbanístico y también económico. En el año 1950 trabajaban en puestos directos relacionados con la estación de tren la friolera de 1.500 personas. La sección de tracción contaba con 668 ferroviarios, entre maquinistas y fogoneros, personal de talleres, peonaje y servicios administrativos. A cargo del depósito de la estación había otros doscientos operarios. La sección de explotación, por su parte, generaba 650 empleos en la estación local.
Las instalaciones se quedaron pequeñas para el movimiento de trenes de viajeros y mercancías. El Gobierno llegó a invertir en 1950 veintidós millones de pesetas de la época en la ampliación de vías y andenes. De la estación llegaron a salir a diario del orden de 1.300 toneladas de mercancías en dirección a la Meseta. Otras 7.000 toneladas llegaban a Monforte para su distribución por todo el suelo gallego a través del ferrocarril. Los once kilómetros de vía en uso para el movimiento de material movilizaban casi mil vagones.
La otra cara de la moneda
Aunque el ferrocarril aportó una riqueza y un desarrollo difícil de superar a Monforte, tuvo también su lado negativo. La población pasó a depender en exceso de la economía que giraba en torno a la estación de tren. El traslado del depósito a Ourense, de los talleres y recorrido a Vilagarcía y los almacenes de repuestos ferroviarios para A Coruña, junto con otras circunstancias, conllevaron un duro golpe para la economía local.