En el juzgado tranquilo

Incapacitaciones y reclamaciones son el día a día en una plaza judicial pequeña como la
de Monforte


MONFORTE / LA VOZ

Parece festivo, pero no lo es. «Tenía que haber venido ayer _dice una procuradora_. Estaban los pasillos llenos». Pero hoy, están vacíos. Solo el juzgado número 2 tenía señaladas dos vistas: un divorcio y una reclamación por daños. Y el divorcio se ha suspendido. Así que hay que esperar a última hora para asistir al único juicio del día que, al menos es paradigmático. Se trata de uno de los que con más frecuencia se repiten en la sala de vistas: un motor de bombeo de un pozo artesano en una explotación agropecuaria se fundió, al parecer, por una sobretensión producida por un rayo. La compañía de seguros demanda a Fenosa para que cubra el coste del aparato y la eléctrica se defiende afirmando que no tuvo la culpa.

Sobre el patrón clásico varía el aparato afectado por la sobretensión, la cuantía de la catástrofe y la fecha. Lo demás, es casi todo igual. El perito de los reclamantes intenta demostrar que la culpa fue de la línea, mal protegida ante estas sobretensiones y el perito de los demandados intenta demostrar lo contrario. Además los dos técnicos suelen ser los mismos y suelen dar parecidas respuestas a preguntas similares en una vista que se repite muchas veces al año. La razón no hay que buscarla en un exceso de tormentas en el Valle de Lemos o a una deficiente dotación en el sistema de distribución. La razón está en que Fenosa tenga una sede social en Monforte y por eso la mayor parte de las reclamaciones que se gestionan en la provincia de Lugo, se presentan en los juzgados de la ciudad. Los funcionarios ya conocen este tipo de juicios como: «Los de Fenosa». Como son todos parecidos, acaban casi igual: el juez falla a favor del demandante y Fenosa no recurre. La mayoría de las reclamaciones son de menos de 2.000 euros.

Esta particularidad es una de las que define a los juzgados de Monforte, de tercera categoría. Pero no solo. Con una población de justiciables rural y envejecida los asuntos que se ventilan reflejan esa realidad. En lo que va de año, en el juzgado número 2 se han tramitado ya 14 incapacitaciones, casi dos a la semana: «Y es solo la punta del iceberg, lo que nosotros podemos ver», dice una funcionaria. Es el pan nuestro de cada día: una persona mayor en la frontera de valerse por sí misma, de entenderlo, de admitirlo. Eso en el mejor de los casos. En el peor, es una persona que ya no controla que la están manipulando para vaciarle la cuenta corriente: «Es muy común», admite el juez, que explica como hay casos que requieren genuinas investigaciones policiales para descubrir quién está aliviando la cuenta bancaria de una persona mayor poco capaz ya de discernir que le están robando. A veces sus propios hijos.

«En un destino como este estás más en contacto con la gente y con la problemática que tienes que juzgar», opina César Saco, el titular del juzgado. Es un caso poco frecuente, porque los destinos pequeños suelen ser de paso, pero Saco lleva ya algunos años, los suficientes como para haberle tomado el pulso a su plaza: «A veces la gente solo quiere venir a hablar, desahogarse». Y a veces, el juez les escucha.

Pocos juicios de lindes

En Monforte se instruye de todo, pero los casos penales se ven en Lugo, así que podría pensarse que, en una plaza como esta, los juicios por lindes, el turbio movimiento de marcos, podría ser también un asunto recurrente: «¡Qué va! Eso, igual hace 20 años. Hoy se ven poquísimos», señalan unas procuradoras. Son más habituales las estafas por internet, los robos, divorcios, reclamaciones de cantidades, delitos de tráfico. Lo que circula por otros juzgados gallegos similares a este: «Este es un destino tranquilo ?admite Eva García, la letrada del número 2?. Hay muy pocas cosas raras. No es como podría ser el de Cambados, donde tienen frecuentes casos de droga. Aquí entra mucho papel, pero es todo más monótono».

La tranquilidad que parece reinar en el juzgado se traslada hasta los divorcios, una de las causas que también se ven con más frecuencia: «En los últimos meses tenemos más divorcios de mutuo acuerdo que contenciosos», admite una funcionaria.

A las dos y media de la tarde, completado el guion previsto, acaba el juicio contra Fenosa y los actores del pequeño juzgado se van retirando. Fue un día de poca tensión. No siempre es así, claro, pero la cara de aburrimiento del vigilante privado lo dice todo. Estamos en el juzgado tranquilo. Afortunadamente.

El juez: «Tenemos mucho trabajo»

El que haya visto alguna vez las montañas de expedientes que desbordan las oficinas de algunos juzgados de las ciudades gallegas, especialmente en Vigo o A Coruña, podría pensar que en el juzgado de Monforte, las cosas están algo más proporcionadas: «No sé cual será el punto de vista del Consejo General del Poder Judicial, pero según el mío, tenemos mucho trabajo», afirma el juez César Saco. Dice que no puede evitar llevarse trabajo a casa para poder llevar las cosas más o menos bien.

Los procuradores afirman que el trabajo ha descendido notablemente en los últimos años. Las propias reformas judiciales han contribuido a ello: «En vez de mejorar la dotación de los juzgados han reducido la actividad lo que va contra los derechos de los justiciables», señala una, algo aburrida por la falta de movimiento.

La huelga de funcionarios del año pasado que bloqueó la justicia en Galicia, apenas tuvo eco en este juzgado, lo cual le permitió no acumular los retrasos que han acumulado otras plazas donde los paros tuvieron seguimientos mucho más significativos. Sin embargo, es cierto que no queda tiempo en el juzgado para perder. Y que la entrada de asuntos, no decae. Otra cosa es que la actividad judicial se convierta frecuentemente en monótona, como reconocen algunos funcionarios. Claro que algunos asuntos de los que pasan por delante, desgastan: «Es inevitable _admite la letrada Eva García_. Con algunos casos te implicas un poco más».

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