La iglesia de la Compañía cumplirá cuatro siglos el próximo 4 de agosto

El colegio Escolapios empieza esta semana a planear los actos conmemorativos


monforte / la voz

Este año se cumplirá un singular aniversario relacionado con la historia de Monforte. El 4 de agosto será el cuarto centenario de la consagración de la iglesia del Colegio de la Compañía, celebrada ese día del año 1619. El colegio Escolapios tiene previsto celebrar esta efeméride con una serie de actos cuya planificación empezará esta semana. «Aínda non está decidido o que faremos, pero gustaríanos organizar conferencias, visitas guiadas e outras actividades», señala a este respecto Pablo Blanco, director del centro educativo. El aniversario coincide con el proceso de declaración del edificio como bien de interés cultural. La tramitación está actualmente en curso y se espera que concluya a lo largo del primer semestre del año.

La edificación del colegio del que forma parte la iglesia, promovida y financiada por el cardenal Rodrigo de Castro, comenzó en la primavera de 1593 y aún estaba lejos de terminar cuando fue consagrado el monumental templo. La construcción del resto del colegio no quedó completada en realidad hasta principios del siglo XX.

El conjunto del edificio fue diseñado por los arquitectos jesuitas Andrés Ruiz y Vermudo Resta, que servían como consejeros del cardenal en su calidad de arzobispo de Sevilla. Para el trazado del templo siguieron el modelo de la iglesia romana del Gesù, uno de las más célebres obras de la arquitectura jesuítica, que sirvió también como modelo para otras muchas iglesias construidas por esta orden en la Península Ibérica y en América Latina.

Expulsión de los jesuitas

La iglesia y el colegio estuvieron en manos de la Compañía de Jesús desde su fundación hasta 1767, año en que todos los integrantes de esta orden fueron expulsados de los dominios de la corona española. El edificio pasó después por algunos períodos de abandono -aunque la iglesia siguió utilizándose para el culto- y albergó en el siglo XIX el primer instituto de enseñanza media de toda la provincia antes ser cedido finalmente a la orden de los escolapios, que lo ocupa desde 1874.

La iglesia es de cruz latina y en su interior destaca especialmente el gran retablo mayor tallado por el escultor barroco Francisco Moure -fallecido en Monforte en 1636 mientras realizaba este trabajo-, que fue sometido recientemente a una intensa operación de limpieza. El edificio es conocido también por conservar señales visibles del terremoto que destruyó gran parte de Lisboa el 1 de noviembre de 1755. El seísmo -de nueve grados en la escala de Richter, según los cálculos modernos- abrió grietas en los muros y desprendió un ala de una figura de un ángel, que nunca fue repuesta y puede verse hoy tal como quedó entonces.

Cuatro días de celebración, con teatro, toros y cohetes

Con motivo de la consagración de la iglesia de la Compañía, el séptimo conde de Lemos Pedro Fernández de Castro y su esposa Catalina de la Cerda -que se encontraban por entonces en Monforte- organizaron unos espectaculares festejos que dejaron una huella duradera en la historia local. Las celebraciones duraron del 4 al 7 de agosto y quedaron consignadas en algunas crónicas de la época que son mencionadas en libros como Historia de Monforte y su Tierra de Lemos, de Germán Vázquez, y Crónicas históricas de la villa de Monforte, de José María lago Bornstein.

Según los documentos en los que se describieron los festejos -escritos por religiosos de la Compañía de Jesús-, las celebraciones coincidieron con unos días de calor intenso, por lo que la mayor parte de las actividades se llevaron a cabo al amanecer y a la puesta de sol. La ceremonia de consagración propiamente dicha se ofició en la iglesia a las cuatro de la madrugada. Los actos comprendieron la representación de dos obras teatrales, Comedia de Margarita y Comedia de la pulquería, que corrieron a cargo de los alumnos del colegio jesuita, así como actuaciones musicales y espectáculos de danza. Entre los diferentes números del programa actuó un grupo de animación formado por seis personales que -según apuntó el autor de la crónica- iban «a las mil maravillas aderezados» y «ejecutaban muy a tiempo lo que los músicos les cantaban». Estas mismas personas participaron en lo que se conocía como juego de cañas -una simulación de una una carga de combate a caballo- y lidiaron un toro usando lanzas y rejones.

Fuegos artificiales

La escenografía que se montó para celebrar los festejos en los terrenos de la actual plaza de la Compañía incluyó «un castillo eminente con varias invenciones de fuego» desde el que se dispararon «cohetes voladores». El espectáculo de fuegos de artificio formaba parte de una representación de la defensa del castillo de Pamplona, en la que había combatido Ignacio de Loyola.

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