La profunda huella de los escolapios

Francisco Albo
francisco albo MONFORTE / LA VOZ

MONFORTE DE LEMOS

Durante 144 años, la congregación influyó en la vida monfortina y en la conservación del colegio del Cardenal

01 may 2017 . Actualizado a las 22:25 h.

La posible marcha de los tres últimos sacerdotes escolapios que viven en el colegio monfortino de la Compañía pondría fin a la presencia ininterrumpida de esta congregación en la ciudad desde 1873, que ha marcado profundamente la historia local. El colegio regentado por la comunidad calasancia no solo educó a muchas generaciones de monfortinos, sino que tuvo una importancia decisiva en la conservación del edificio monumental que la ha alojado durante 144 años.

Cuando los escolapios se instalaron en Monforte hacía más de un siglo que el colegio había sido abandonado -forzosamente- por la orden jesuita, que lo construyó a partir de 1593 en colaboración con el cardenal Rodrigo de Castro. Las obras cesaron hacia 1619, pero el edificio no quedó terminado por entonces. Lo que se levantó en esa época fue la iglesia, la fachada principal y parte de los cuerpos que se articulan en torno a los patios situados a ambos lados del templo.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el colegio fue convertido en un seminario mediante un decreto del rey Carlos III. La condesa de Lemos Rosa María de Castro reclamó su patrocinio sobre el edificio, que le fue reconocido, y lo transformó en un colegio. El centro educativo siguió funcionando con altibajos y con diferentes estatutos hasta 1847, cuando se convirtió en el único instituto de enseñanza media de la provincia. En 1862 el instituto fue trasladado a Lugo. El colegio monfortino se transformó entonces en un instituto elemental que cerró al poco tiempo a causa del estado ruinoso del edificio y de la falta de fondos y de alumnado.