La profunda huella de los escolapios

Durante 144 años, la congregación influyó en la vida monfortina y en la conservación del colegio del Cardenal


monforte / la voz

La posible marcha de los tres últimos sacerdotes escolapios que viven en el colegio monfortino de la Compañía pondría fin a la presencia ininterrumpida de esta congregación en la ciudad desde 1873, que ha marcado profundamente la historia local. El colegio regentado por la comunidad calasancia no solo educó a muchas generaciones de monfortinos, sino que tuvo una importancia decisiva en la conservación del edificio monumental que la ha alojado durante 144 años.

Cuando los escolapios se instalaron en Monforte hacía más de un siglo que el colegio había sido abandonado -forzosamente- por la orden jesuita, que lo construyó a partir de 1593 en colaboración con el cardenal Rodrigo de Castro. Las obras cesaron hacia 1619, pero el edificio no quedó terminado por entonces. Lo que se levantó en esa época fue la iglesia, la fachada principal y parte de los cuerpos que se articulan en torno a los patios situados a ambos lados del templo.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el colegio fue convertido en un seminario mediante un decreto del rey Carlos III. La condesa de Lemos Rosa María de Castro reclamó su patrocinio sobre el edificio, que le fue reconocido, y lo transformó en un colegio. El centro educativo siguió funcionando con altibajos y con diferentes estatutos hasta 1847, cuando se convirtió en el único instituto de enseñanza media de la provincia. En 1862 el instituto fue trasladado a Lugo. El colegio monfortino se transformó entonces en un instituto elemental que cerró al poco tiempo a causa del estado ruinoso del edificio y de la falta de fondos y de alumnado.

Cuando los escolapios se hicieron cargo del colegio realizaron diversas obras de acondicionamiento, pero carecían de fondos suficientes para rematar las partes inacabadas del gran edificio. Para conseguir financiamiento, la congregación decidió en 1910 poner a la venta el cuadro Adoración de los Reyes, de Hugo van der Goes -que formaba parte de los bienes del colegio.

Una venta muy polémica

La pintura fue puesta en subasta por el precio de 1.262.800 pesetas y vendida al Kaiser-Friedrich-Museum de Berlín, provocando una larga y célebre polémica. Pese a todas las protestas, el cuadro fue trasladado a Alemania en 1913.

Unos años después, en 1919, comenzaron las obras para rematar las secciones del edificio que habían quedado sin acabar tres siglos antes. Desde entonces hasta los años 30 se construyeron la mitad posterior de la fachada que da hacia el actual Parque dos Condes y otras partes de la edificación que estaban incompletas.

El entorno inmediato del colegio también ha sufrido importantes transformaciones desde la instalación de los escolapios. La explanada situada ante el edificio sirvió durante mucho tiempo como campo de la feria, hasta que se construyó la actual pavimentación a comienzos de la década de 1970. Durante años, ante la construcción hubo una zona ajardinada con setos. A lo largo de una gran parte del siglo pasado, asimismo, frente al colegio existió un pequeño edificio que se utilizó como centro de vacunación y fue demolido a finales de los años 60.

El histórico edificio se convirtió en 1937 en un hospital militar para heridos de la Guerra Civil

Desde 1873 hasta hoy, los escolapios ha utilizado el colegio de la Compañía como centro educativo de forma continuada. Sin embargo, durante el período republicano el centro no pudo ser regentado oficialmente por la orden calasancia debido a la legislación que prohibía que las congregaciones religiosas llevasen a cabo actividades educativas. En su lugar lo hizo la llamada Sociedad Anónima de Enseñanza Libre, constituida precisamente para eludir esta ley. Los sacerdotes siguieron impartiendo clases, pero tuvieron que vestir de paisano.

Al estallar la Guerra Civil, la orden recuperó el control del colegio, que al poco tiempo tuvo que cumplir también otra función. En 1937 se instaló en el edificio un hospital militar que empezó a funcionar con heridos procedentes del frente de Somosierra. El centro sanitario fue cerrado al terminar la contienda y el colegio siguió funcionando con normalidad.

Entre las décadas de 1950 y 1960, el internado del colegio acogió a numerosos alumnos procedentes de diferentes localidades gallegas y también de otras partes de España. El régimen de internado se suprimió mediados de los años 80, cuando el colegio se transformó en mixto. Los sacerdotes, que durante mucho tiempo formaron la práctica totalidad del cuerpo docente, pasaron a ser una minoría.

En el último tercio del siglo pasado, se creó la actual pinacoteca del colegio en una sala antes utilizada como sacristía. Por otro lado, una importante transformación urbanística vinculada al colegio fue la construcción del Parque dos Condes, iniciada en 1991 en los terrenos de la antigua huerta de los escolapios. El edificio ha servido también para acoger la feria de muestras que se organizó en Monforte en los años 90 y algunas ediciones de la Mostra dos Viños da Ribeira Sacra.

Newsletter Educación

Recibe todas las semanas la información más relevante sobre educación

Votación
4 votos
Comentarios

La profunda huella de los escolapios