Baamorto a través de los siglos

Un recorrido por el singular patrimonio de una parroquia de Monforte

El pazo de Feijoo conserva vetigios de varias épocas
El pazo de Feijoo conserva vetigios de varias épocas

monforte / la voz

La parroquia monfortina de Baamorto se distingue por poseer un rico y variado patrimonio histórico, cuyo elemento más conocido es la iglesia parroquial de Santa María. Un sencillo recorrido permite conocer los principales componentes de este legado.

Para iniciar la ruta hay que salir de Monforte por la carretera que lleva As Lamas y Fiolleda. En el kilómetro 5,5 está el lugar de As Devesas, donde nos encontramos con el primer elemento, el cruceiro de A Devesa de Abaixo, construido en piedra de cantería y decorado con motivos antropomórficos.

La siguiente parada es en el lugar de Pallares, situado a a unos cuatrocientos metros. Para llegar a este punto hay que tomar un desvío señalizado que aparece a laderecha. Allí está el pazo de Feijoo, que sufrió diversas transformaciones a lo largo de su historia. En su fachada norte hay dos escudos coronados por yelmos. Adosada a un lateral del edificio está la capilla, que aloja un retablo del siglo XVIII. En el pazo destacan la escalinata y una bodega en sillería de granito.

Iglesia parroquial

Para seguir el recorrido hay que volver al cruceiro y tomar la carretera de la izquierda, en dirección a la iglesia parroquial, que se halla a unos trescientos metros. El templo experimentó varias reformas en los siglos XVII y XVIII, pero conserva vestigios de su origen románico, principalmente los canecillos que rodean la nave. Perteneció a la Encomienda de Quiroga -regida por la Orden de San Juan de Jerusalén o de Malta- y uno de sus elementos más singulares es el conjunto de murales renacentistas que se conserva en los muros exteriores, protegido por un singular pórtico apoyado sobre columnas de estilo dórico. Frente a la iglesia está la casa rectoral, levantada en el siglo XIX sobre un edificio más antiguo, en cuyos muros hay tres escudos de la Orden de Malta.

Tras visitar este conjunto, seguimos por la misma carretera en dirección al pueblo de Pol, situado a un kilómetro de distancia. Unos 150 metros antes de llegar a este núcleo está la Casa Grande de Pol, un notable edificio del siglo XVIII. Fue propiedad de los señores de Pol y más tarde pasó a manos del conde de San Román y marqués de Maceda. En la fachada principal, sobre la puerta de entrada, resalta un gran escudo de estilo rococó muy ornamentado.

Casas señoriales, arquitectura religiosa y huellas de la civilización castreña

A la salida de Pol, en la carretera que lleva a Fiolleda, está la capilla de San Isidro, del siglo XVIII. Sobre la puerta hay un escudo con tres lises y seis dados sobre ondas. Desde Pol nos encaminamos al lugar de Casares. A unos cuatrocientos metros de este núcleo se encuentra la Casa Grande de Casares, un edificio de planta cuadrada con cubierta a cuatro aguas y escudo de armas en su fachada principal. Junto a él se encuentra una capilla. Ambos edificios se hallan en un estado ruinoso. Mucho mejor conservado está el palomar que perteneció a la casa, situado a pocos metros, en la parte alta de una pradería. Es una construcción de planta cuadrada y cubierta a cuatro aguas.

Siguiendo por el mismo vial en dirección a Monforte, al cabo se unos setecientos metros llegamos al pueblo de Cinsa. Allí se encuentra la Casa de Espinosa, formada por una edificación principal y varias construcciones anexas. En la fachada norte destaca un escudo de armas con yelmo. La casa posee una capilla que alberga un retablo dedicado a san Esteban.

Molino y castro

La siguiente y última parada está en el lugar de A Lama, a unos trescientos metros de Cinsa. De este núcleo sale un viejo camino que lleva a un molino y un castro.

El molino se halla a unos 350 metros del núcleo, a la izquierda del camino y en la orilla derecha del río Cinsa. Su estado de conservación es deficiente. Siguiendo por este camino, a unos cien metros y después de cruzar el río por un puente de hormigón, surge a la derecha una senda que conduce hasta el castro de Cinsa. El asentamiento estaba defendido por dos fosos del lado que cae sobre el camino y el río. No se aprecian restos de construcciones y el terreno está muy alterado por la labores agrícolas. En el castro no se realizó nunca una investigación arqueológica.

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