El calzado artesano, por los suelos

El copropietario de una empresa puntera en Europa dice que si el sector tuviera el apoyo de la Administración que obtuvo en su día el textil, Monforte sería otra cosa


La ciudad del Cabe tiene amplia tradición en el sector del calzado. Hablar de esto no es hacerlo del pasado, ya que todavía sobreviven aquí varias empresas que convierten a Monforte en un punto de atención en el norte de España e incluso de toda Europa.

Sin embargo, ¿es esa la imagen que tenemos del calzado que se fabrica aquí? Evidentemente no. José Ángel Pérez Reñones, copropietario junto a su hermano Ovidio de Curtidos Galaicos, una empresa con 60 años de experiencia, 31 empleados y que mueve un volumen de negocio que ronda los 3 millones de euros, no sólo tiene las cosas claras sino que las dice: «Si el sector del calzado tuviera el apoyo institucional en cuanto a la imagen que tuvo hace unos años el del textil, Monforte entraría directamente en la élite mundial». De igual forma se pronuncia Gonzalo Otero, propietario de Calzados Losal, una empresa que mueve un millón de euros en volumen de negocio y saca 22.000 pares al año.

Parte de la solución parece estar, no obstante, en la combinación: inversión, desarrollo e innovación. El copropietario de la marca Curgal, José Ángel, añade que su empresa dispone de la tecnología y el diseño suficiente como para convertirse en el buque insignia del lugar, dentro del sector. «En muy pocos sitios de Europa trabajan con el tipo de fabricación que hacemos aquí», explica José Ángel, en referencia al cosido interior de máxima consistencia, conocido como Goodyear. Y añade: «Nuestra industria del calzado debería ser uno de los valores a potenciar por las autoridades, para incorporar zonas en depresión al desarrollo industrial».

La solución equivocada

El problema que vive el sector del calzado en Monforte no está, pues, en haber hecho mal los deberes en el pasado, que también, sino en un déficit actual que los empresarios del sector sitúan del lado de la Administración. Algunos se quejan de que su estrategia se limite a realizar estudios de mercado y su actuación se reduzca a proponer medidas paliativas que no acaban de producir el cambio que se espera aquí desde hace mucho tiempo.

Gonzalo Otero, de Calzados Losal, dibuja la situación como complicada e incierta, si bien no piensa ni mucho menos en dejarlo. Pero es desde otra empresa donde se anuncia un dato alentador: «Este año es históricamente el mejor de Curtidos Galaicos». La pregunta es, por tanto, obligada: ¿Cómo se consiguen estos resultados en un momento económico desfavorable? Cualquiera podría decirlo pero no todos pueden presumir de hacerlo: innovando y especializándose.

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