Una investigación efectuada en O Courel tras el gran incendio del 2022 muestra que las aves se recuperan más si queda vegetación en pie, aunque sea carbonizada
05 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Un estudio científico liderado por investigadores de la Universidade de Santiago (USC) y de la Misión Biolóxica de Galicia (MBG-CSIC) concluye que la severidad del gran incendio que arrasó la Serra do Courel en el verano de 2022 fue el principal factor que condicionó negativamente la recuperación de las comunidades de aves durante la primera temporada de cría posterior al fuego. El trabajo, publicado en la revista internacional Fire Ecology, analiza por primera vez con detalle la respuesta de las aves al que en aquel momento fue el mayor incendio forestal registrado en Galicia.
Uno de los aspectos centrales del estudio se refiere a las denominadas «herencias estructurales previas al incendio», es decir, los elementos del ecosistema que sobreviven al fuego y condicionan la recuperación posterior. Los investigadores destacan especialmente el valor ecológico de los árboles carbonizados que permanecen en pie tras el incendio.
El trabajo concluye que estos árboles resultan fundamentales para numerosas especies forestales y para aves que nidifican en cavidades, ya que funcionan como refugio, lugar de alimentación, posadero y espacio de reproducción. Por ello, los científicos cuestionan las prácticas habituales de retirada sistemática de madera quemada bajo criterios de saneamiento forestal, al considerar que su eliminación supone un fuerte impacto sobre las especies más dependientes del bosque.
Un paradójico efecto positivo
El estudio documenta también un efecto que los autores califican de paradójico desde el punto de vista conservacionista. Algunas aves ligadas a espacios abiertos, como la pica campestre o la lechuza común, aparecieron exclusivamente en las áreas quemadas, donde el incendio generó superficies despejadas en territorios que anteriormente estaban ocupados por una vegetación demasiado densa.
Los investigadores recuerdan que muchas de estas especies vinculadas a paisajes agrícolas tradicionales se encuentran entre las más amenazadas de Europa debido al abandono rural y al avance progresivo del matorral y de la masa forestal. En ese contexto, el fuego crea temporalmente hábitats abiertos que estas aves habían perdido.
El estudio destaca además la importancia de los parches de vegetación que lograron sobrevivir al incendio. Estas áreas actuaron como refugios para las especies más sensibles y como focos de recolonización de las zonas afectadas. «El ecosistema no parte de cero tras el fuego», explica Fernando García. «Su recuperación está condicionada por la historia del territorio: la estructura previa de la vegetación y los elementos que resisten tras la perturbación».
Los autores advierten de que las dinámicas observadas corresponden todavía a una fase muy temprana de recuperación ecológica, por lo que consideran imprescindible mantener el seguimiento científico a largo plazo para comprender la evolución completa de los ecosistemas afectados.
Aves que sirven de indicador
La investigación forma parte de una línea de trabajo desarrollada por este mismo equipo científico sobre el uso de las aves como bioindicadores del estado ecológico de los ecosistemas gallegos.
Anteriormente, los investigadores ya habían aplicado este mismo enfoque para analizar el impacto ambiental de las plantaciones de eucalipto en el Parque Natural das Fragas do Eume y ahora lo extienden al estudio de los grandes incendios forestales en Galicia.
El gran incendio de O Courel
- Cuándo. Aquel incendio se originó en julio de 2022 a causa de una tormenta eléctrica seca
- Qué pasó. El fuego arrasó 12.768 hectáreas en la Serra do Courel y en los municipios de Folgoso do Courel, A Pobra do Brollón, Quiroga y Samos y duró dos semanas
- Aquel verano. Aquel episodio se produjo además durante el verano más cálido registrado hasta la fecha en España, con temperaturas extremas y sequía
Un censo de cerca de tres mil pájaros de 56 especies distintas
El estudio fue elaborado por un equipo encabezado por el investigador Fernando García y se basa en el censo de 2.928 aves pertenecientes a 56 especies distintas. Los científicos realizaron muestreos en 215 puntos distribuidos dentro y fuera del perímetro quemado para comparar cómo evolucionaron las comunidades de aves apenas un año después de aquel gran incendio.
Los resultados muestran una relación directa entre la severidad del incendio y el deterioro de las comunidades de aves. Donde más intenso y homogéneo fue, menor riqueza de especies y menos abundancia de individuos se registró después. Según los investigadores, las zonas afectadas por incendios de alta severidad presentan una menor capacidad de reorganización ecológica tras el paso de las llamas.
Puede ayudar a la diversidad
Sin embargo, el estudio identifica también un efecto positivo asociado a los incendios que queman de forma heterogénea. Los autores explican que los fuegos que generan un mosaico de áreas con distintos niveles de afectación favorecen la diversidad de aves.
«Los incendios que arden de forma heterogénea crean una variedad de microhábitats que permite la coexistencia de especies con necesidades ecológicas muy diferentes, algo que ya se evidencia tan solo un año después del fuego», explica Fernando García, primer autor del trabajo. «Por el contrario, los incendios que arden de forma muy severa y homogénea tienden a empobrecer la comunidad de aves y reducen su capacidad de reorganización tras el incendio», añade.