Rescatan un perro de caza que pasó la noche en un barranco en O Courel

Un miembro del GES tuvo que descender sujeto con cuerdas y arneses al lugar en el que estaba

En la imagen, se ve a los miembros del GES (vestidos de naranja) descendiendo por la ladera. El perro, de color blanco, está a su derecha
En la imagen, se ve a los miembros del GES (vestidos de naranja) descendiendo por la ladera. El perro, de color blanco, está a su derecha

«Traballo que non falte», dicen con retranca en el GES de O Courel tras su operativo más reciente. La montaña lucense está de moda. El rayo de luz de las escapadas de los urbanitas para las expectativas del turismo es lo positivo. ¿Hay lado malo? Pues sí: pintadas en los castros, basura abandonada o incursiones de todoterrenos por los prados... También más llamadas a los integrantes del grupo de emergencias supramunicipal. Hace una semanas, en plena nevada, tuvieron que rescatar a una pareja perdida en una de las rutas se senderismo más extremas de la sierra. Este domingo se estrenaron con un nuevo tipo de salvamento: era un perro de caza el que estaba en apuros.

El perro trataba de acercar un jabalí a la línea de tiro durante la batida que organizó el sábado una pandilla de cazadores de O Courel en la zona de Miraz. Siguió el rastro hasta una escarpada zona rocosa denominada Pena do Castro, pero allí se acabó la persecución a última hora de la tarde. «O can colleu medo a caer polo barranco e xa non se quixo mover do sitio. Pasou alí toda a noite», explica Carlos Castro, el integrante del GES que, sujeto mediante cuerdas y arneses, pudo sacarlo de allí.

El jabalí buscó escapatoria en la zona más inaccesible de la ladera y el perro se encontró de buenas a primeras metido en un corte casi vertical. De nada sirvieron las llamadas de los cazadores para que regresase. Arrimado a una roca, pasó la noche en ese lugar. A las diez de la mañana, tras recibir una petición de ayuda, los miembros del GES de Folgoso do Courel acudieron a la Pena do Castro. «O can estaba morto de medo. Por debaixo non tiña saída e por riba podía caer polo barranco», apunta Castro.

Auxiliado por un compañero y por miembros de la pandilla de caza de O Courel, entre los que estaba el dueño del perro, pudo bajar bien atado a unas cuerdas hasta el lugar en el que estaba el can. No fue necesario izar al animal. Se dejó coger por el miembro del GES, que lo arrastró lo justo para que pudiese encontrar una salida. «En canto viu unha senda que lle deu certa seguridade tirou para arriba», dice su salvador.

No todos los perros tienen olfato y valentía para seguir al jabalí en las monterías. Las pandillas de caza suelen realizar importantes desembolsos para hacerse con las mejores razas. El ejemplar que salvó el GES es comprado y tiene fama de buen rastreador. Castro reconoce que los rescate suelen ser en sitios menos complicados, pero tiene claro que el esfuerzo mereció la pena: «Perder un can bo ten que ser un desgusto».

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