Albores logra financiación para sus 54 plazas en Monforte y Chantada

La asociación renueva sus acuerdos de financiación asistencial con la Xunta

La pandemia obligó a Albores a adaptar sus actividades a las normas de prevención de contagios
La pandemia obligó a Albores a adaptar sus actividades a las normas de prevención de contagios

Monforte / la voz

La asociación Albores acaba de renovar los conciertos con la Xunta que le permiten mantener su servicio en Monforte de Lemos. Esta entidad gestiona un centro de rehabilitación psicosocial y laboral en Monforte y otro en Chantada, además de un piso protegido en los que atiende a personas con enfermedades mentales.

Estos nuevos conciertos prorrogan en la práctica los que habían estado vigentes hasta ahora. La financiación que llevan incluida servirá para que Albores mantenga las 54 plazas que ya atendía para otros tantos usuarios en Monforte y Chantada. El centro más antiguo, el de Monforte, seguirá siendo el más grande, con capacidad para atender a veinticinco personas. El de Chantada seguirá teniendo quince plazas y el piso de Monforte, cuatro. La plantilla que atiende los dos centros y el piso está formada por diez personas, entre los que hay especialistas en psicología, terapia ocupacional o trabajo y educación social.

Integral y personalizado

En Albores explican que los centros de rehabilitación psicosocial y laboral tienen como objetivo servir como apoyo para las personas con enfermedades mentales persistentes y a sus familias. En estos servicios, apuntan los portavoces de la asociación, «lévase a cabo unha atención integral, interdisciplinar e personalizada».

Los conciertos renovados para este año permitirán a Albores desarrollar ocho programas asistenciales distintos: rehabilitación cognitiva, psicoeducación, rehabilitación laboral, gestión emocional, actividades de la vida diaria, habilidades sociales, intervención familiar y ocio. Los ocho se llevan a cabo mediante actividades de grupo, pero también con atención personalizada para cada usuario.

Al margen de las actividades que se podrán realizar con el dinero de estos conciertos, Albores ofrece a sus usuarios otros programas y servicios que se pagan con otras fuentes de financiación. Es el caso del servicio de acompañamiento integral, el de ayuda en el hogar, el de comedor o el de empleo.

Las plazas disponibles en este tipo de centros y pisos que tienen como usuarios a personas con dolencias mentales no son gestionadas directamente por la Xunta a través del Sergas o el departamento de Servizos Sociais, sino concertadas mediante acuerdos temporales con entidades de carácter privado. Albores presenta propuestas para participar en estos conciertos cada vez que salen las convocatorias. La Xunta hizo pública la de este año a principios de este verano.

Cerca de veinte años

La asociación Albores Saúde Mental tiene cerca de veinte años de vida. Fue fundada en Monforte en el 2002 y ocho años después extendió sus actividades a Chantada. En el 2010 abrió en esa localidad su segundo centro de rehabilitación psicosocial y laboral. En la actualidad, esta entidad cuenta con cerca de un centenar de socios.

«A pandemia afectou sobre todo aos usuarios de máis idade»

Elisa Sapia, a directora de Albores, é psicóloga de profesión e leva 18 anos traballando nesta asociación.

—Os concertos que acaban de renovar permítelles ofrecer 54 prazas. Hai demanda para máis?

—Si que a hai. En Monforte sempre estamos ao límite. E levamos anos solicitando outro piso, que só temos un. O segundo quereríamolo destinar a mulleres, porque o que temos é só para homes. Estes pisos utilizámolos para persoas con doenzas mentais crónicas que non teñen autonomía suficiente como para vivir completamente sós, pero si certo grao de supervisión.

—Puideron seguir prestando todos os seus servizos despois de que chegase a pandemia?

—Nos momentos de confinamento houbo que pechar a atención presencial en grupo, pero nós seguimos traballando. En xeral, tivemos que modificar a maneira na que prestamos os servizos. Mantivemos sempre o contacto diario cos usuarios e as súas familias, mediante chamadas telefónicas que moitas veces eran máis dunha ao día.

—Como afectaron aos seus usuarios as restricións que chegaron coa pandemia?

—Afectoulles a todos, independente do seu estado de saúde mental, pero non tivemos ningunha descompensación, ningún ingreso. En xeral os que máis o notaron foron as persoas de máis idade. Neles detectamos que con frecuencia empeoraron nas súas actividades da vida diaria, no seu propio autocoidado, e que moitos precisan máis supervisión que antes de que se decretase por primeira vez o estado de alerta sanitaria.

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