Merlán, cabras y reliquias vitícolas

En la feria chantadina se pueden ver viejos odres de piel en los que se subía el vino desde los lagares de las viñas

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Merlán, cabras y reliquias vitícolas En la feria chantadina se pueden ver viejos odres de piel en los que se subía el vino desde los lagares de las viñas

Chantada / La Voz

No es fácil encontrar en Galicia un mercado dedicado íntegramente a la cabra. La excepción hay que buscarla en la parroquia chantadina de Merlán, que celebra cada año por estas fechas la Feira das Cabras. Coincide con la festividad del patrón de la parroquia, San Ciprián. También con la época de la vendimia, y no es una simple coincidencia. Antiguamente, además de carne, el sacrificio de las reses proporcionaba pieles destinadas a la fabricación de los odres en los que se transportaba el vino. En algunos puntos de la Ribeira Sacra, todavía es tradición comer la cabra para festejar el término de la recogida de la uva.

La Feira das Cabras de Merlán es centenaria, pero no siempre se celebró de forma ininterrumpida. La asociación vecinal Santo Tomé la recuperó en el 2006 y desde entonces este mercado no ha faltado a la cita con la festividad de San Ciprián. Reunir un número suficiente de reses no resulta sencillo. Se juntan gracias a la colaboración de ganaderos de otras parroquias cercanas. A diferencia de lo que sucedía antaño, la exhibición prima actualmente sobre las transacciones.

«Pode venderse algunha que outra, pero a feira é máis de exposición. O importante é manter a tradición», dice Pepe de Vilela, vecino de Merlán y miembro de la asociación Santo Tomé. En la Feira das Cabras también se exponen viejos odres que, según su definición, «son verdadeiras reliquias». Estos recipientes de piel se empleaban para trasladar el vino a las bodegas, después de que fermentase en lagares situados a pie de viña. Sus últimos fabricantes, habitualmente zapateros, desaparecieron hace tiempo.

Pepe de Vilela todavía recuerda subir con un fudre a cuestas por las empinadas laderas del Miño. «Daquela non había tractores e as pistas só chegaban á parte máis alta da ribeira», detalla. Entonces, la viticultura sí era heroica. «Subir por aqueles carreiros entre as viñas con oitenta litros de viño ao lombo non era nada bonito, seino por experiencia», dice Pepe antes de estallar en una sonora carcajada.

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