La historia del cementerio de Atilano se vuelve cada vez más compleja

La necrópolis medieval de A Pobra do Brollón fue ocupada en dos épocas distintas, según los arqueólogos


monforte / la voz

La historia del cementerio medieval del castro de San Lourenzo de Cereixa -en A Pobra do Brollón-, donde el pasado invierno se descubrió el esqueleto conocido como Atilano, se vuelve más compleja a medida que avanza la investigación. Tras la última campaña de excavaciones, terminada el pasado 31 de agosto, los arqueólogos que trabajan en este proyecto barajan la hipótesis de que el camposanto fue utilizado como tal en dos épocas diferentes de la Edad Media y que quedó abandonado antes de que se construyese la iglesia cuyos restos se han desenterrado en el recinto del castro en anteriores campañas.

El arqueólogo Xurxo Ayán, director de las excavaciones, señala que los enterramientos más antiguos estuvieron probablemente vinculados a la existencia de un santuario de cierta importancia, como ocurre con otras necrópolis de ese período. Por ahora, sin embargo, no se ha encontrado vestigio alguno de este supuesto santuario, que tampoco es mencionado en ningún documento histórico conocido. «Todo parece indicar que o cemiterio foi utilizado primeiramente durante uns douscentos anos e despois quedou abandonado para ser ocupado de novo nunha época posterior, quizá debido á presión demográfica ou a un incremento da mortalidade debido ás epidemias», explica Ayán.

Análisis de restos humanos

En los próximos meses, por otro lado, se analizarán los restos humanos encontrados en cuatro de las veintitrés nuevas sepulturas que fueron puestas al descubierto durante las últimas excavaciones. Una de estas tumbas -supuestamente de una mujer- contenía una pelvis y una mandíbula inferior completa con todos los dientes. En otra sepultura se conservó una buena parte de un cráneo y unos fémures. En un tercer enterramiento aparecieron restos de cerca de la mitad de un esqueleto -fémures, tibias, peronés, dedos- y en el cuarto se halló una parte de un cráneo y huesos de las extremidades superiores e inferiores. Los brazos de este individuo -al igual que los de Atilano- fueron colocados en cruz, una práctica funeraria que se volvió común a finales del siglo XII.

Entre estas sepulturas se encontraron tres enterramientos infantiles que presentan la particularidad de haber sido marcadas con lajas de piedra hincadas verticalmente en el suelo, a modo de estela funeraria. Esta práctica se ha documentado en otras tumbas medievales de niños descubiertas en diversas partes de León, Asturias y la Galicia oriental. «Eran nenos moi pequenos, pero sen dúbida estaban bautizados porque do contrario non os enterrarían no camposanto», señala Ayán.

Junto con los restos humanos, también está previsto analizar en el laboratorio algunos objetos encontrados en las sepulturas -entre los que hay dientes de animales- y que podrían tener un carácter de ofrenda votiva, como los que se han encontrado en numerosos enterramientos medievales.

Por otra parte, para octubre se espera que puedan estar disponibles los resultados de las analíticas de los restos de Atilano que falta por conocer. Con estos vestigios se ha intentado realizar una datación por carbono 14 -para determinar con precisión su antigüedad- y también análisis de tipo genético.

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