monforte / la voz

Desde hace tres años, la localidad de Couso, en la montaña de A Pobra do Brollón, engrosa la lista de aldeas despobladas. En los úlltimos tiempos, hasta el 2012, ya solo un había vecino que viviese de forma continuada en la aldea. Este último habitante fue

Domingo Parada Parada, de 61 años de edad en la actualidad, que por motivos de salud tuvo que dejar su aldea para instalarse de forma definitiva en Monforte.

En la memoria de Domingo Parada aún están vivos los tiempos en los que la hoy solitaria aldea estaba llena de vida. «Había sete casas abertas e vivíamos máis de trinta veciños», explica. La principal festividad local era la de San José. Como en Couso no había capilla, los vecinos iban a la iglesia de Parada dos Montes para asistir a las misas. La fiesta se hacía después en la aldea, donde de cuando en vez se oficiaba también alguna misa de campo.

Hace algunos años se rehabilitó una vivienda en Couso con la intención de crear un establecimiento de turismo rural, pero esta iniciativa que se vio truncada por falta de incentivos y nadie más ha llegado para reemplazar a los que se fueron. Pese al abandono, la localidad conserva en buen estado gran parte de su arquitectura tradicional.

Actividad agrícola

Cuando estaba habitada, la aldea conoció una importante actividad agrícola, basada en gran parte en el cultivo del centeno. «Cada casa tiña a súa propia palleira e a súa aira para mallar o cereal», recuerda Domingo Parada. «En cada aira facíase unha soa meda e eran moi grandes, xa que cada unha levaba entre dez e vinte carros de pan. Había un veciño que as facía con vinte e cinco carros», añade. Los campos en los que se sembraba el centeno estaban por encima de la aldea, en los lugares conocidos como As Campas, O Golado, A Louseira e O Gañadoiro.

El grano se molía en dos molinos que se encontraban en el arroyo de Couso, en el lugar de A Ribeira, a medio kilómetro de la aldea. El primero era comunal y cada vecino tenía asignado un día de la semana para moler. «Non tiña peneira e había que tamizar a fariña nunha pequena peneira de man que na aldea era coñecida por aranda», dice Parada. El otro era particular y pertenecía a la Casa do Rego.

Cuatro hornos, muchos castaños y una antigua tradición de minería de hierro

La aldea de Couso contaba en tiempos con cuatro hornos de los que solo dos se conservan en buenas condiciones. Estaban construidos en piedra y tenían mucha actividad. Uno de ellos está a la entrada del pueblo, en una construcción conocida por O Forno. Era propiedad de la Casa dos Calados. Tiene unas buenas dimensiones y según indica Domingo Parada, permitía cocer a la vez «ata vinte bolos de pan». En la parte alta de la localidad está el llamado Forno do Rego.

Normalmente, el pan se cocía cada quince días y esa jornada se aprovechaba también para elaborar empanadas de conejo, típicas del pueblo. Primero había que cazarlos, pero no era preciso ir muy lejos. «Xuntabámonos uns cantos veciños coas escopetas e íamos ao lugar das Campas, onde estaban as leiras de pan», dice Parada. «Enseguida cazábanse uns cantos para as empanadas, porque había moito coello nesa zona», agrega.

Otro importante recurso local eran los soutos que rodean la aldea, de los que salían las castañas que antaño fueron el sustento principal de los vecinos y que se usaban también para la ceba de los animales. Domingo Parada era propietario de un souto llamado Carrozo dos Gatos. Con más de dos hectáreas, producía gran cantidad de fruto. «Na aldea non había sequeiros e a castaña secábase nunhas caniceiras na lareira da casa», comenta.

Minas y fraguas

La localidad tuvo también un pasado minero que se pierde en los tiempos. Quedan vestigios de algunas explotaciones subterráneas cuyas bocas fueron tapadas en tiempos más recientes por las obras de las vías de acceso a la aldea. Había además viejas fraguas artesanales donde se calcinaba el mineral de hierro.

Por encima de la aldea, en un roquedal que los vecinos llamaban Pena de María o Pena dos Mouros, quedan abundantes restos de escorias procedentes de una antigua fundición artesanal de mineral de hierro. También sirvió de refugio a personas que fueron perseguidas en tiempos de la Guerra Civil.

Por otro lado, en las proximidades del nacimiento del arroyo de Couso, Domingo Parada recuerda haber visto otros posibles rastros de siderurgia artesanal en un lugar conocido por Carrozo dos Gatos. «Un día atopei un foxo feito a pico na pena e vin que tiña dentro moitas escorias, dicían que era alí onde fundían o ferro», explica,

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Couso, una aldea de montaña que se sume en la soledad